Como toda batalla, ésta recién empieza y está entablada por un integrante de esa porción de la población mundial que representa aproximadamente un 30% del total de individuos que padecen de hipertensión o afecciones cardíacas, y por tanto deben alimentarse con ingestas prácticamente carentes de sal, ya que su límite diario es bajísimo. A estos integrantes de ese ejército, los voy a llamar “híper-cardia”. Como referencia de otras batallas con ciertos éxitos, puedo mencionar la de los discapacitados, que han logrado una masificación de baños públicos adaptados a su problemática, rampas de acceso en la vía pública, elevadores de escaleras, altura de teléfonos públicos, entre otros. Agrego así la de los no videntes, ya que años atrás era impensada la existencia de semáforos sonoros, como la gran cantidad de lectura bajo el sistema braille o relieve para reconocer el valor del papel moneda, y sin extenderme demasiado en esos logros, incluyo por último la adaptación de varios programas televisivos que tienen su traducción por el sistema de señas para las personas sordomudas o la consideración en ciertos alimentos para celíacos. Sin embargo, quienes padecemos de hipertensión o algún tipo de afección cardíaca, vemos cómo la sociedad no nos considera en medida alguna. Admito y reconozco que el detalle en varios alimentos de su contenido de sodio, resulte indicativo e ilustrativo, pero no es suficiente. Tanto en Rosario como en el resto del país, no existen restaurantes que contemplen esta situación, ya sea bajo un apartado en sus cartas o menú que incluya las comidas que son preparadas sin sal agregada desde la cocina, o con un asterisco respecto de las que pueden ser preparadas de igual forma. Estos restaurantes, tampoco brindan al cliente, la posibilidad de acompañar las comidas con pan sin sal o galletitas de agua sin sal. Tampoco las rotiserías contemplan esta situación, considerando que es más fácil agregar sal a aquellas comidas que no la tienen en su preparación, que sacarla de las que han sido preparadas con ella. Pero detengámonos en todos los programas televisivos de gastronomía, que los hay a montones y en un muy buen nivel y variedad. Ninguno de sus chefs se refieren a preparados de comidas sin sal agregada, no efectúan mención alguna al hecho de no abusar de dicho mineral, al menos como promoción de un cuidado integral de la salud, en un oficio que tanta repercusión tiene y hace que en los tiempos modernos la gente tanto repare en ellos. Este hecho, como los otros, es altamente preocupante por el contacto personal que transmite la imagen televisiva. Es más, muchos promocionan sus restaurantes y por tanto puedo deducir que ni siquiera en esos lugares, un “hiper-cardia”, encuentre la posibilidad de alimentarse bajo la limitación de su ingesta. Es como decir que le dan vuelta la cara a un 30% de la población.































