Cuando veo las láminas que mostramos a los niños de la ceremonia de creación de nuestra bandera, siento un profundo malestar. Estamos falseando la historia. La bandera que les mostramos no es la de Belgrano, es la actual. La de Belgrano era diferente. Tenía los colores celeste y blanco, pero en dos franjas verticales y un escudo bordado en su centro. Belgrano, en su escueto informe al gobierno sólo les da importancia a los colores: "Debiendo izar bandera y no teniéndola la mandé hacer celeste y blanca". La idea fue desechada en Buenos Aires y le prohibieron usarla, pero cuando la noticia llegó él ya había partido para cumplir su misión. Enfrentó a los realistas en Tucumán y Salta con su bandera. La usó también en las batallas que perdió en Vilcapujio y Ayohuma. Al retirarse escondió las banderas en una capilla para evitar que cayeran en manos de sus enemigos. Medio siglo después las banderas aparecieron y hoy se conservan en museos. La bandera original la siguió usando San Martín cuando sucedió a Belgrano en el ejército del norte, quien la llevó a Mendoza y de allí a Chile para enfrentar a los realistas en Maipú y para liberar Perú. Esa bandera tuvo una enorme actuación en nuestra historia, y no merece ser olvidada. Hoy sólo la recordamos en los billetes de cinco pesos, donde detrás de la imagen de San Martín abrazándose con O'Higgins en Maipú, aparece un abanderado con una bandera con el escudo bordado. Qué lindo sería que esa bandera pudiera flamear hoy en un mástil del monumento al lado de la Nacional. Belgrano se sentiría orgulloso de ver su bandera al lado de la del país que él soñó y por el cual luchó.





































