Sábado, a las 7,15 horas. Día lluvioso, gris, desapacible. Camino a una cuadra de mi casa. Por mi misma vereda vienen hacia mi dos personas, una de ellas de sexo femenino. Ambas de 20 años de edad aproximadamente. Al acercarse, extraen un arma blanca y me dicen: "dame todo". Mi reacción fue inmediata, amagué a tirarles una trompada y retrocedí. Corrí hacia atrás, crucé la calle y seguí corriendo. Nadie pasaba por el lugar, ni siquiera un automóvil. Llamé al 911. Enseguida la policía iría a la zona. No supe más nada. Ojalá los hayan detenido. Esto que me pasó se reproduce en mi ciudad y en todo el país, a cualquier hora y en cualquier sitio. Si en lugar de un arma blanca, sacaban un arma de fuego hubiese entregado mis pertenencias: tarjeta de crédito, dinero, celulares. Es el país de la inseguridad, de la delincuencia, de la impunidad. Jóvenes portando cuchillos, navajas, revólveres, ¿qué futuro tienen estos chicos? ¿cuál será su destino? Esto tenemos que discutir. Los adolescentes encuentran en los delitos el único modo de subsistencia porque la familia está desintegrada y el Estado no vela por el bienestar general de ellos.































