Soy una jubilada que cobra la mínima por haber aportado durante 30 años valores muy reducidos por mala información. Trabajé cinco años en la firma Estexa y después ingresé en la Casa Parroquial de Retiros Espirituales Nuestra Señora de Fátima, de Fisherton, donde estuve trabajando de cocinera durante 25 años, incluyendo, muchos días festivos, sábados, domingos y feriados. Todo eso sin aportes, cobrando en negro, sin recibir servicios médicos ni pago de sueldos de acuerdo a los convenios vigentes. Sólo me otorgaban 100 pesos para aportar por una jubilación mínima, que hoy en día no me alcanza para vivir decorosamente. Aparte del perjuicio económico que me ocasionaron no efectuando los aportes que correspondían, llego a la conclusión de que no tuvieron en cuenta mi dedicación al trabajo y mi cariño hacia la Casa, además de aprovecharse de mi desconocimiento de las normas legales. Es lamentable que una entidad como la Casa de Fátima no cumpla durante muchos años con las disposiciones legales perjudicando a su personal. Buscaré con asesoramiento legal lograr una compensación acorde con el perjuicio sufrido.




































