Un artículo del periódico "Desarrollo argentino" dice que los humanos estamos perdiendo la guerra contra los insectos al usar más pesticidas que lo que aconseja el sentido común, creando de esa forma ejércitos de bichos invencibles que ningún producto podrá detener. La resistencia de los insectos, que crece con cada nuevo desafío químico, amenaza a la agricultura del planeta y a la salud de la humanidad. El uso irresponsable de pesticidas está produciendo cepas de bichos monstruos; hay ahora numerosas especies a las que nada puede matar. Todo intento para controlar a los insectos culmina en el desarrollo de algún nuevo pesticida que sólo sirve para inmunizarlos. Por ejemplo, los gusanos del algodón no eran un problema serio hasta que los agricultores decidieron eliminarlos. En su mayoría estaban controlados por sus predadores naturales, y cuando empezaron a arrojarles pesticidas, mataron a esos predadores que obraban como elementos de equilibrio ecológico. Desde 1950, el destructivo escarabajo de la papa ha sido combatido con 15 insecticidas diferentes, y ahora tiene una inmunidad casi total. Creo que estas consideraciones merecen una impostergable y definitoria discusión; la ecología y la biología aplicadas a pesticidas y herbicidas deberán hallar una solución adecuada a la resistencia que se genera en los insectos. En tanto, el combate contra ellos apelando a otros insectos parece ser una forma de lucha llamada a perfeccionarse y generalizarse; de lo contrario, de hacerse realidad la velada amenaza que encierra el artículo que comento, podría originar consecuencias que hoy rozan la ciencia ficción. Además, el manejo de estos productos produce serios peligros para los trabajadores rurales y la población aledaña a los cultivos tratados; un motivo más de preocupación y de urgente consideración.
































