Tengo casi 38 años, como casi entre un 20 y 30 por ciento de la población en edad de concebir, y tengo dificultades para ser mamá. Mi esposo y yo trabajamos sin descanso para poder pagar cada uno de los tratamientos que venimos realizando. Un único intento no garantiza resultados exitosos. Dada mi edad, el reloj biológico agota mi tiempo, por eso la ansiedad crece. La semana pasada fue muy doloroso tener que cancelar mi próxima FIV por no alcanzar a juntar el dinero. Me siento devastada, sola, vacía, discriminada, desprotegida por un sistema de salud indiferente ante mi enfermedad de la cual tengo el derecho de curarme. La infertilidad es una enfermedad conforme a lo que expresa la OMS. Pienso en la tristeza de tantas parejas que no logran solventar los gastos ni siquiera de un tratamiento. Quienes pasamos por esto, esperamos que se puedan tratar los proyectos legislativos que existen y que haya una ley de cobertura. La infertilidad es una enfermedad. A mí como a tantas parejas me hipotecó la vida y truncó mis ilusiones.




































