El jueves 13 de mayo me dirigía con una amiga a la facultad en el 102 Negro y a mitad de camino subió un chico de unos 25 años que parecía estar bajo el efecto de drogas o alcohol. Comenzó a tocar a las chicas que iban paradas y mientras ninguno de los pasajeros hacía algo, una de ellas decidió acercarse al chofer y comentarle lo que sucedía. Este le pidió al joven que se bajara y, ante la respuesta negativa, informó a los pasajeros que se desviaría con dirección a la comisaría y que quien quisiera bajarse podría hacerlo. Ante esto algunos pasajeros comenzaron a quejarse, entre ellos una señora de unos 60 años que culpaba al colectivero de lo ocurrido. Ante la insistencia de ciertos pasajeros y la inseguridad que le provocó al joven la posibilidad de ir a la comisaría, se logró que bajara del coche. Luego de esto la señora que muy fervientemente había pedido que no se lo llevara a la seccional, despotricó toda su ira contra el colectivero, que sólo intentaba hacer su trabajo y sobre todo actuar conforme al sentido común y el buen comportamiento que más ciudadanos deberían tener. Se excusaba con que había pagado su boleto y lo único que quería era ir a trabajar, y decía que no le importaba nada más, que no era su problema. Espero que se avergüence de cómo actuó y reflexione sobre las chicas que fueron manoseadas. Y que todos aquellos que vieron impunemente lo que sucedía sin ni siquiera decir nada también se sientan responsables de lo ocurrido.


































