El mundo evoluciona, sí, evoluciona y revoluciona a sus habitantes que no podemos parar con los viejos, caducos dogmas y mitos del pasado. Que la omnipotencia del presente por intermedio de sus obsecuentes quieren nadar contra una marea imparable del cambio constante. La ley sancionada por el Senado, sin darle ningún prestigio a nuestra presidenta, fue unos de los pasos más importantes de esta década, brindándole a nuestros semejantes los mismos derechos que todos deseamos como ciudadanos de este planeta, aunque en otros países estén dudando todavía sobre los mismos. Quiero enaltecer y felicitar la conducta de algunos senadores que resistieron la presión ejercida por la llamada "voz de Dios", que en nombre del mismo la historia se nutrió de varias guerras, separaciones étnicas y retrógradas políticas condicionadas a esos viejos dogmas de libro sagrado. No así a otros senadores que se escaparon en momento de votar quedando bien con Dios y el Diablo. Espero que de aquí en más sus conductas sigan con la vehemencia y coherencia así ejercida en dicha ley.




































