German fue dado de alta, dejó el sanatorio después de largos dias de angustia, parecía que todo volvía a la normalidad, pero no es tan fácil. Las cicatrices no son sólo físicas, y aún esas quedan todavía, pero están las otras, las más profundas, las que nos marcan muy hondo, las que con el tiempo nos irán enseñando a convivir con ellas. La vida nos sacude, nos saca de pronto de nuestra cotidianeidad, sabemos que esas cosas pasan a diario y que estamos indefensos frente a la salvajada que acecha (no es una sensación). Ahí estamos, sin poder comprender la realidad que vivimos. Ese hijo mío, fuerte y noble como un quebracho se vio atacado sorpresiva y cobardemente en su casa. ¿Será posible que sucedan a diario esos horrores? Como contrapartida, hace unos días salió la sociedad a la calle a expresar su repudio, fue una manifestación unísona, multitudinaria y casi a lo largo y ancho de todo el país. Fue una bocanada de aire puro. Al otro día, despertamos mejor todos.































