"Todo empezó hace unos cinco años cuando paré con el auto en un paso a nivel a
esperar el paso del tren y vi a una chica en la parada del colectivo. Entonces la obligué a subir
aunque no estaba armado y quise violarla. Lo hubiese podido hacer porque la tenía sometida, pero me
pesó el cargo de conciencia y al final desistí. Desde aquel momento no pude parar más". Así se
expresó ante los investigadores Julio Nicolás S., el técnico químico de 31 años que fue apresado la
noche del lunes en una estación de servicios de San Lorenzo acusado de una saga de ataques sexuales
contra adolescentes tanto en el cordón industrial como en Rosario. Fue al declarar en la Jefatura
de la Unidad Regional XVII, momento en que dejó con la boca abierta a sus interlocutores por la
coherencia del relato, y la memoria con la que describió a sus víctimas y la forma en que las
abordó.
El muchacho, que vive junto a su madre en Capitán Bermúdez y trabajaba en el
sector de calderas de una reconocida empresa del cordón industrial además de dar clases
particulares de física y química en su casa, se movilizaba en un Volkswagen Gol color gris plata,
con patente 912, sobre el cual abusaba de sus víctima. Ante los investigadores reconoció una
veintena de ataques pero, por ahora, se le atribuyen 8 violaciones cometidas entre el 4 de marzo de
2008 y el 15 de mayo pasado y otras tantas tentativas.
En los hechos cometidos en el Gran Rosario, las víctimas (de 11, 14 y 16 años)
eran obligadas a subir al auto bajo amenazas con un cuchillo que fue secuestrado dentro del mismo
vehículo, cuando esperaban el colectivo en alguna garita de la ruta 11. Desde allí las llevaba a
algún descampado dónde abusaba de ellas.
El cuaderno verde. En tanto, en Rosario el abusador contactaba a las chicas
mediante el chat y "las citaba en un bar para ofrecerles trabajo en un cíber o un boliche del que
decía ser dueño. Charlaba con ellas y anotaba todos sus datos personales en un cuaderno verde con
la excusa de contactarse con ellas. Después se ofrecía en acercarlas a sus casas en el auto pero
desviaba el camino y las violaba", contó el portavoz. Los hechos en esta ciudad se registraron el
29 de diciembre de 2008 y el 19 de enero, el 11, el 14 y el 19 de febrero de 2009, en distintas
zonas.
Todos los datos de las chicas quedaron no sólo asentados en ese cuaderno verde
que ellas mismas reconocieron sino que fueron registrados en filmaciones y fotos que Julio S.
sacaba con su celular y que después descargaba en su computadora, que fue secuestrada por los
pesquisas. "Cuando le mostraron las imágenes en Jefatura, el tipo brindó con lujos de detalles los
nombres de las víctimas, dónde trabajaban, en dónde se habían encontrado y otros detalles que nos
llevan a pensar que tiene un registro de memoria muy fuerte", aseguró el investigador.
Pedido de ayuda.De la entrevista que el acusado tuvo con los pesquisas, surge
que "es muy bien hablado, instruído, de buen pasar económico y buen vestir, pero con su autoestima
por el piso". En este sentido, quienes estuvieron frente a él recuerdan: "Admitió que si no lo
metían preso seguiría haciendo lo mismo porque no puede parar" en un claro pedido de ayuda tal como
el que hicieron oportunamente el "violador del centro" y otros hombres condenados por delitos de
idéntica factura.
Asimismo, Julio S. reconoció que atacaba a jovencitas porque "las mujeres
mayores podían resistirse o golpearlo" y no lo hacía "sólo por una cuestión de contextura física
sino también porque una mujer mayor podría haberlo enfrentado desde lo verbal", aseguran quienes
escucharon su relato. Ahora, toda esa declaración el joven la deberá ratificar hoy ante el juez de
Instrucción Eduardo Filocco.