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Guerra monetaria: los bancos centrales activan su arsenal

Las impresiones a full. La lluvia de liquidez que arrojaron al mercado Estados Unidos y Japón enciende la alarma sobre una nueva fase de la guerra mundial de monedas

Domingo 14 de Abril de 2013

Las máquinas impresoras están a full. La lluvia de liquidez que arrojaron al mercado Estados Unidos y Japón enciende la alarma sobre una nueva fase de la guerra mundial de monedas. Los países apelan a todo su arsenal para salvarse de la desaceleración económica global y, en ese camino descoordinado, atizan los riesgos de colisión. El activismo monetario del primer mundo busca compartir la crisis a las economías emergentes, poniendo fin al período de desacople. La reactivación es la meta. Los conflictos cambiarios, comerciales y sociales, así como los fantasmas de una nueva burbuja financiera, son el riesgo.

   El recrudecimiento de la crisis financiera puso en evidencia los límites de conducir la economía en base a tipos de interés, prácticamente en cero en los países centrales. También cuestiona la eficacia del ajuste permanente, con la fantasía de generar “confianza” emotiva de los mercados.

   En los últimos días, todos los organismos internacionales (FMI, Banco Mundial, Ocde, BID, Cepal, etcétera) revisaron a la baja las perspectivas de la mayoría de las economías de todo el mundo.
  Las impresiones de billetes a escalas prácticamente nunca vistas en la historia por parte de los bancos centrales están siendo acompañadas por anuncios de nuevos pack de estímulos: quita del IVA a la canasta básica y eximición de las cargas patronales (Brasil), fomento de la inmigración a las ciudades (China), apertura de su mercado minorista (India) y emisión de deuda (Japón). La movida casi no distingue entre sus conductores perfiles entre ortodoxos y heterodoxos. Salvo la Unión Europea, que sigue a pies juntillas con la fórmula del ajuste permanente, en el resto del globo todos buscan trasladar las secuelas a terceros.

   Muchos más tibias son las propuestas, y por ahora son solo eso, de avanzar sobre los paraísos fiscales. Una bandera que había levantado el G-20 una vez desatada la crisis financiera cinco años atrás y que, en parte, se reactualiza en estos días con el denominado “Offshore Leaks” que está dando a conocer el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación en distintos medios alrededor del mundo. Algunas estimaciones proyectan que allí descansan hasta casi un cuarto de la riqueza global.

   Otra de las señales con la que se busca mover la rueda del mundo fue el anuncio realizado por los denominados Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) de crear un banco de desarrollo propio. Entre los analistas internacionales, hay cierto escepticismo en relación al poder actual de los Brics, que tras el crecimiento vertiginoso que mostraron en las últimas décadas parecen dar muestras de “fatiga”.

   El viceministro de Comercio de China, Chen Jian, señaló —tras una reunión con sus pares de Brics— que “los ministros expresaron su preocupación sobre muchas incertidumbres en la economía global”, y afirmó que la devaluación de algunas monedas a través de la política de facilitación cuantitativa se añadirá al choque de la liquidez mundial y tendrá un impacto negativo en la recuperación de la economía mundial.

   En tanto, la titular del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, en la previa a la reunión de primavera del organismo en Washington, dijo que la economía mundial es hoy “menos peligrosa que hace seis meses”, pero advirtió que empiezan a verse signos de “fatiga” en muchos países ante los ajustes e insistió en dar prioridad a atender el desempleo.

   Lagarde arrancó diciendo que ve signos de mejora en una economía global “a tres velocidades,” por un lado países emergentes y en vías de desarrollo, “que lo están haciendo bien”; por otro Estados Unidos y otras naciones que están “en vías de recuperación,” y por último la zona euro y Japón, que “todavía tienen un camino que recorrer”.

Revolución monetaria. El titular del Banco de Japón, Harukiro Kuroda, anunció una de las mayores inyecciones monetarias que se recuerdan en la historia de los bancos centrales. Efecto inmediato: una fuerte devaluación del yen. Con esta estrategia, la tercera economía del mundo espera terminar con 15 años de deflación y depresión.

   El Banco Central nipón abandonó la referencia de los tipos de interés —hoy en torno a cero— como instrumento central de su política económica y apuesta por duplicar la base monetaria poniendo quinta a fondo en emisión de yenes. El objetivo es pasar de los 138 billones de yenes de 2012 a 270 billones a finales de 2014. “Hay que dar un voto de confianza al Banco de Japón por su full monty de expansión monetaria”, dijo Steen Jacobsen, economista jefe de Saxo Bank, a sus clientes.

   Shinzo Abe ganó las elecciones en Japón en diciembre pasado con una decidida apuesta de reactivar la economía. Su plan tiene tres pilares: estímulos fiscales, una política monetaria agresiva para abandonar la deflación y un plan de reformas estructurales. Los cambios incluyen el fin de la independencia del banco central.

   Una decisión que provocó las críticas del presidente del Bundesbank, Jens Weidmann: “La interferencia del gobierno en la política del banco central Japón puede desatar una guerra de divisas”, dijo el funcionario.

   Desde su llegada al gobierno Abe no escondió su intención de propiciar una devaluación del yen con el objetivo de impulsar sus exportaciones. Pero no está claro que los demás países desarrollados o los principales emergentes permitirán a Japón semejante ventaja competitiva en un momento en que la mayoría revisa sus manuales de economía y pretenden hacer de las exportaciones un caballito de batalla para la recuperación de sus golpeadas economías.

La samba de Dilma. Brasil desde el año pasado avanza con una batería de propuestas para que la actividad económica de su país vuelva a recuperar ritmo. Entre las principales medidas impulsadas sobresalen la reducción o eximición de las cargas patronales a más de 40 sectores —la que se prevé será ampliada a más actividades—, la quita del impuesto al valor agregado (IVA) a la canasta básica y un amplio paquete de estímulos fiscales a la industria.

   Sin embargo, la producción industrial de Brasil cayó -2,5% mensual en febrero, debido a que el desplome en la producción de bienes de consumo (-6,8%) y bienes intermedios (-1,3%), no alcanzó a ser compensado por el alza de bienes de capital (+1,6%).

   No obstante, en marzo la producción automotriz subió +17% anual. Las medidas de promoción automotriz, en particular la reducción de impuesto a la producción industrial vigente desde el año pasado y que fue prorrogado hasta el 31 de diciembre, explican la recuperación de esa parte de la demanda agregada.

   La evolución del mercado automotriz brasileño es clave para la producción de vehículos y autopartes local. En Argentina, la fabricación de autos creció 7,4% del primer trimestre de 2013 versus 2012. La Asociación de Fábricas de Automotores (Adefa) destacó también el crecimiento de las exportaciones que resultó de 41.591 unidades, 43,1% respecto de igual mes de 2012, a partir del repunte de los pedidos de Brasil.

   Pero el gobierno de Dilma Rousseff no pierde de vista la inflación. La presidenta se reunió con una especie de consejo de sabios de la economía brasileña y luego el ministro de Hacienda, Guido Mantega, dijo que no escatimará medidas para controlar los precios. Dejó trascender que el Banco Central podría tocar al alza los tipos de interés.

Entre precipicio y fiesta. La Reserva Federal de Estados Unidos mantiene las tasas y sostiene que hasta que el desempleo no baje al 5% no aflojará con los estímulos, principalmente de ampliación de la base monetaria (85.000 millones de dólares mensuales y la tasa en coqueteando con cero). Wall Street está de fiesta, con nuevos récords en los distintos índices.

   Pero la presentación del presupuesto 2014 realizado esta semana por el presidente Barack Obama con más ajustes parece limitar las perspectivas de crecimiento. La actividad industrial y de servicios se desaceleró en marzo. Tampoco fueron positivos los reportes de empleo: se crearon 88.000 nuevos puestos de trabajo el mes pasado, por debajo de su promedio de 212.000 puestos en los meses anteriores.

De Lord. Por su parte, el Banco de Inglaterra con las tasas de interés en mínimos históricos (0,5%) trata de impulsar su economía también con un programa de “flexibilización cuantitativa”, inyectando más de 375 mil millones de libras esterlinas desde 2009. Una política monetaria que decidió ampliar días atrás. Lo anunció horas después que el Banco Central japonés informara sobre el nuevo tsunami de liquidez que introducirá en los mercados. Por lo demás, el gobierno de Cameron continúa con una política económica de ajuste.

   Las últimas proyecciones económicas de la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria mostraron que el país lograría un magro crecimiento del 0,6% en 2013, la mitad del pronosticado hace unos meses.

Palitos chinos. En China todas estas noticias no cayeron para nada bien y lo hicieron saber en el foro de los Brics. También numerosos expertos chinos manifestaron indignación por estos movimientos, principalmente, de devaluación del yen, y propusieron al gobierno de Xi Jinping depreciar el yuan, como defensa ante la guerra de divisas.

   Liu Ligang, ex asesor del Banco de China y catedrático de la universidad Tsinghua de Beijing, señaló que el estímulo monetario impulsado por el Banco de Japón puede ser la perdición para otros países de la región.

   Para enfrentar este movimiento, Li aconsejó a las autoridades de su país acelerar la liberalización de las cuentas de capital con una mayor inversión en mercados de renta variable en el extranjero y protegerse de una nueva ola de “dinero caliente” en los frágiles mercados financieros de China.

   A juicio del académico, las medidas de Japón dispararán nuevamente las especulaciones. Es decir, la demanda de préstamos enormes en yenes aprovechando los bajos intereses de los bancos en ese país para invertir ese dinero en mercados de alto interés.

   Al mismo tiempo, el flamante gobierno chino avanza con medidas de estímulos para motorizar su mercado interno, como la intención de acelerar la migración del campo a las ciudades, como mecanismo para enfriar los salarios, hoy más altos que en México.

   En Europa, como señalara días atrás el gurú económico Nouriel Roubini, “el riesgo de una excepcional ruptura de la zona del euro y la pérdida de acceso a los mercados para España e Italia disminuyó gracias a la decisión del Banco Central Europeo de crear una red de protección para la deuda soberana el verano pasado”. Pero los problemas fundamentales de la unión monetaria —bajo crecimiento potencial, recesión sostenida, pérdida de competitividad y grandes volúmenes de deuda pública y privada— no han sido resueltos, agregó.

   Por lo pronto, la Unión Europea es el único de los grandes bloques económicos que parece dispuesto a morir con las botas puestas. Las autoridades europeas dijeron que esperarán un poco más para ver si flexibiliza su política económica pero no el ritmo de ajustes.

Otros vecinos. El peso colombiano bajó esta semana después que el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, anunciara que el gobierno alista medidas de estímulo económico que pueden debilitar a la moneda. El presidente Juan Manuel Santos presentará mañana su plan de choque que busca dinamizar la actividad económica, que podría incluir medidas cambiarias para favorecer a los sectores industrial y agrícola.

   Por el mismo sendero estaría yendo México. El secretario de Hacienda mexicano, Luis Videgaray, dijo la semana pasada que las autoridades cambiarias del país podrían reactivar algunas medidas en el mercado de cambios. La moneda mexicana se apreció un 5,6% en el último tiempo. El Banco de México recortó en marzo su tasa de interés en 50 puntos básicos para dejarla en un 4%, después de casi tres años de inactividad, pero eso no detuvo la apreciación de la moneda.

Burbujas. Para algunos economistas y analistas, la avalancha de liquidez, en vez de estimular a las entidades financieras a prestar, y las empresas a gastar, provoca en los mercados financieros la profundización del proceso de especulación y burbujas.

   Desde el 2007, los bancos centrales vienen inundando el sistema financiero y, en estos días, anunciaron que lo continuarán haciendo hasta que llegue la mentada recuperación de sus economías. Pero que todos apliquen la misma fórmula de liquidez y devaluación permanente pueden profundizar procesos de crisis social.

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