En esta carta quiero agradecer enormemente a los médicos que atendieron a mi madre, fallecida hace poco tiempo de una enfermedad terminal fulminante. Los doctores Edda Pérez Goiri (médica clínica), Juan Gil (neurocirujano del ICR), José María Vincenti (neurocirujano del Sanatorio Los Arroyos) y Claudio Bernasconi (médico clínico). Ellos se comportaron con mi madre como si hubieran sido parte de mi familia, sin habernos conocido previamente ni jamás haber sido pacientes suyos. La calidez humana, la consideración para con el paciente y la contención a la familia, son los rasgos comunes de estos médicos admirables, además, por supuesto, de su sabiduría y experiencia. Un agradecimiento especial desde lo más profundo de mi corazón al doctor Claudio Bernasconi, quien nos atendió y auxilió en los momentos más difíciles, en toda su excepcional dimensión humana y profesional. Las actitudes de estos “señores médicos” me alientan a pensar que sigue habiendo profesionales que privilegian al ser humano y su dignidad por sobre cualquier otro interés, que la vocación de servicio es más fuerte que el cansancio y que el respeto por el paciente y su familia es más importante que su fama o renombre. Dios quiera que su ejemplo se multiplique.

































