El ruido de mi carta anterior, publicada el sábado 2 de febrero, evidentemente llegó a oídos de Cablevisión. Ese mismo día recibí el llamado de unas cuatro personas que no sólo me ofrecieron enviar un técnico ese mismo día, sino que hasta se me dio la opción de fijar el horario. Dado que en esa fecha no me encontraba en la ciudad, y que al supervisor que me llamó sólo le faltó ofrecerme matrimonio, pactamos para el día siguiente. Sí, el domingo. Luego me entero de que la disposición de esta empresa, es la de enviar los técnicos los domingos, para atender “casos urgentes”. Ese día, por fin, me restituyeron el servicio de Internet, beneficio del que no gozaba desde el 5 de febrero. Pero, como en todos los órdenes de la vida, la felicidad duró poco; hasta el martes siguiente para ser exacto. Me encuentro nuevamente, en el grupo de los idiotas que pagamos por un servicio que no tenemos, ya que prometieron enviarme un técnico el lunes 11 de marzo, en el accesible horario de 12 a 18, y por supuesto, no vino. La lluvia, el sol, las olas, el viento y sucundum sucundum, quien lo sabe. Soy consciente de que tendría que haberme dado la baja efectivamente, y no quedarme en el intento, como tantas veces lo hice. El problema que tenemos los que actuamos de buena fe es que aún permitimos que nos seduzcan con falsas promesas y maravillosos beneficios que nunca se concretan. No tengo ganas ni tiempo de enviar una carta de esta magnitud, semanalmente, para que Cablevisión reaccione, y cumpla con lo que le corresponde: simplemente brindando el servicio y que pagamos por ello.



































