¿Cómo reaccionan ante un delincuente? Haciéndole saber sus derechos, seguramente. ¿Y ante una víctima? Convenciéndola, o más bien, sometiéndola a renunciar a sus derechos, supongo que no. Al punto al que quiero llegar es tratar de entender por qué cuando a un delincuente se lo acusa de un delito, en la gran mayoría de los casos quedan absueltos o cumpliendo una condena mínima, que en realidad sólo los capacita más para volver a delinquir. Y casi, que al final de todo, termina por tener la culpa la víctima. Y tiene que vivir atemorizada por represalias que pudieran llegar a tener familiares y hasta el mismo delincuente libre. ¿Hay que ser criminal, maleante o bandido en este país para poder salir tranquilos a la calle? Y las respuestas no las tiene nadie, ni siquiera los representantes gubernamentales, porque ellos no son clase media, no conocen la realidad que vivimos. Así que, en conclusión a esta fugaz mirada actual de nuestra Argentina, la buena gente es aquella que cada cuatro años asegure un voto a cambio de un plan familiar, una precaria vivienda o una televisión pública de la buena. Total, la clase media seguirá produciendo para subsidiarlos.

































