Desde lo más profundo del corazón quiero homenajear a todos los soldados de Malvinas. A los que volvieron y a los que no. Lo quiero hacer contándoles simplemente que cuando los veo en el Monumento a la Bandera el día de la jura, entregándoles a todos los niños del país un vasito de chocolatada caliente, para calentar aún más el corazoncito por el momento vivido, se me hincha el corazón de amor por ustedes. Se me llenan los ojos de lágrimas. Igual cuando los veo por la TV en algún noticiero contando que salen en las noches crudas de invierno también a llevar algo caliente a todo desamparado que encuentran en la calle. Me muero de amor cuando los veo y me duele el corazón cuando me entero de algún soldado que se quita la vida, por el olvido de un país que ustedes no dudaron un segundo por él, por nuestra bandera. Y sin embargo, no tienen el reconocimiento que merecen. A todos estos hombres hoy (jóvenes de ayer que fueron a dar su vida por nuestra patria y volvieron y siguen dando todo por ella) les digo que para mí y para muchos argentinos son ejemplo de vida, orgullo para la juventud de entonces y ejemplo para la de ahora. No todo está perdido. Gracias queridos soldados de Malvinas y que todos algún día tengan el homenaje en vida y recompensa como héroes que fueron y siguen siendo. Dios bendiga a todas vuestras familias.


































