El periodista y productor televisivo rosarino Carlos Bermejo no dudó el aseverar que Sandro "fue un grosso, uno de los grandes íconos de la canción popular", dueño de una gran humildad y de un carisma especial que se mantenía inoxidable.

El periodista y productor televisivo rosarino Carlos Bermejo no dudó el aseverar que Sandro "fue un grosso, uno de los grandes íconos de la canción popular", dueño de una gran humildad y de un carisma especial que se mantenía inoxidable.
"Teníamos una relación muy buena. Lo conocí en los años 70, durante una nota que le hice en el desaparecido Hotel Italia para un programa de LT8 que hacíamos con Antonio Carrizo", recordó Bermejo.
"Desde allí, con cada una de las notas que le hice fue como retomar una charla inconclusa. Y teníamos, eso sí, un código de fierro. A Sandro le gustaba mucho el champagne Dom Pérignon. Entonces, cada vez que él estrenaba en el teatro El Círculo un espectáculo suyo, seguía un ritual. Al terminar de cantar, después de dos horas y media, llegaba al camerino, se bañaba, se cambiaba, se ponía algunas de sus batas rojas, y desplegaba bandejas de bocaditos de caviar y de otro tipo. Yo, previamente, le había mandado una botella de Dom Pérignon fría, y allí en ese marco tan especial, arrancábamos una nueva nota que tenía raíz en la anterior, compartíamos recuerdos y también nuevas vivencias, cuántos kilos de más teníamos desde la última vez que nos habíamos visto, más que notas eran charlas entre amigos que se reencontraban", recordó Bermejo.
La última entrevista que le hizo a Sandro fue en 2004 en el teatro El Círculo. "Fue una nota muy extensa, muy cálida. Ya en ese tiempo estaba con el famoso tubito de oxígeno. Ese show había sido un poco más corto que lo habitual, ya no se sentía bien. El me dijo «no destapés la botella, dejála que quede como símbolo de presencia». Y sin embargo, él seguía estando tan cálido, tan afectuoso, tan profesional como siempre".
Para Bermejo, Sandro "era un tipo que uno tomaba real dimensión de su proyección de megaestrella cuando estaba afuera del país. Cantó en el Madison Square Garden, en Radio City, en el Carnegie Hall, y sin embargo nunca se vanaglorió de su fama. Cuando alguien le recordaba las alturas por las que había desplegado su arte, mostraba cierto pudor. En el fondo no quiso dejar de ser el tipo de Banfield orgulloso de su barrio y de su historia personal".
"Fijáte que el país se paralizó por la noticia de su muerte. Bah, por lo que llamo adelantarse e irse de gira", concluyó Carlos Bermejo.