En la mitología, Jehová era un dios de una de las tribus judías. Según un versículo del Deuteronomio, dice con toda claridad: cuando el Altísimo, (no el Señor ni tampoco Jehová) repartió la herencia de las naciones estableció los límites de acuerdo a los hijos de Israel. Según los gnósticos egipcios Ildabaoth-Jehovah se le signó su parte como el dios de Saturno, y hasta acá la leyenda. Y, he aquí la historia del flagrante crimen de los testigos de Jehová. El 11 de diciembre pasado, mi señora afectada por un pequeño problema de coagulación, después de haberse hecho la pertinente extracción de sangre para un análisis de tiempo de protrombina y RIN, de regreso y frente a nuestro domicilio, dos "testigos de Jehová", la pararon. Al verle en el brazo el algodoncito y la cintita plástica le preguntaron por que tenía eso, a lo que ella les informó el motivo. ¿Para qué? La perorata, el sermón y lavado de cerebro, alterándole hasta el carácter. Secreto que guardó hasta la próxima extracción, cosa que ocurrió el viernes 20 del corriente. Resultado: una profunda negativa de mi esposa por temor a las malvadas estupideces que le metieron en la cabeza. Felizmente, después de unos días y profunda explicación, comprendió en la trampa que la habían hecho caer estos psicópatas, nada menos a una anciana de lúcidos 89 años. Flagrante crimen de alienados que en lugar de andar pregonando barbaridades tendrían que estar internados en alguna institución psiquiátrica.





































