Me gusta mucho el deporte. Todos. He disfrutado de practicarlos y también, muchísimo, de verlos. Por ese motivo quiero manifestar mi parecer. El rugby argentino se estaría instalando en uno de los dos torneos internacionales más importantes del planeta: en el Norte, el 6 naciones; en el Sur, el Rugby Championship (ex Tres Naciones). Pero para ser parte, justa y definitivamente del exclusivo grupo de acciones que conforman el Rugby Championship, es necesario e indispensable no abandonar los objetivos. Y lo que pude ver en mi ciudad, en ocasión del match frente a Australia, francamente no ayuda. Si hemos alcanzado el difícil y anhelado objetivo de participar, deberíamos respetar el valor de ese logro, cuidarlo, preservarlo y alimentarlo. Entonces: los que apuntan con laser al pateador contrario, no respetan los objetivos; los que silban en penales y conversiones, no ayudan; aquellos que insultan al árbitro, no defienden nuestra participación y continuidad; quienes no están capacitados para valorar a los australianos que alientan y aplauden a su equipo, menos aún. Los responsables (personas, instituciones, organizaciones) que ofrecen baños inundados (mujeres en platea Cordiviola baja y populares de Génova), y escaleras con cañerías rotas que juegan a ser cascadas, tampoco están comprometidos. Soy hija de un socio vitalicio del Club Rosario Central y madre de socia, y me avergüenzo del estado de nuestro querido Gigante de Arroyito. No hemos sido el tipo de anfitrión que yo hubiera deseado. En resumen: si hemos luchado para pertenecer, honremos esa lucha, respetando el compromiso asumido.
































