Hola, mi nombre es Franco Uriel Fernández y tengo ocho años. Mis papis usarán este medio que brinda La Capital para que conozcan a un grupo de personas que lucha día a día por nosotros, los que tenemos capacidades diferentes. Estos ángeles están en Cetem, nuestro centro educativo terapéutico. Yo nací sietemesino, estuve tres meses y medio en incubadoras conectado a respirador artificial; tuve muchas complicaciones y casi ninguna opción de vida. Pude salir adelante a pesar de que mis opciones eran muy pocas y mi diagnóstico final sindrome de West. Al poco tiempo perdí a mi abuelito que había luchado con todas sus fuerzas para verme bien y no lo logró. Comencé unos tratamientos y fui mejorando día a día. A los tres años, inicié un tratamiento en Ilar porque no caminaba. Aprendí rápido, me llevó sólo cuatro meses y me fui con mis papis caminando de la mano, pero yo solito, ya sin el andador. De a poco fui creciendo mientras iba de médico en médico y a los seis años ya podía hacer casi todo. Digo casi porque a pesar de moverme solo, saltar, correr, ir al baño y todo, me ayudó mucho haber ido al Jardín Monigotes. A pesar de todo, más limitado me fui encontrando, porque cuando a los seis años quería y tenía el derecho de empezar mi ciclo escolar no me dejaron, me negaron mi derecho. Desde el Ministerio de Educación pasando por las escuelas públicas y privadas, nadie me ayudó, me discriminaron, me cerraron las puertas, me dieron la espalda, creyeron que yo no podía, que no era capaz. Todo me cambió este año, cuando conocí a mis ángeles, mis padrinos mágicos, la gente de Cetem (San Juan 2565), que me cambió la vida. Apenas me vieron me aceptaron sin peros, sin prejuicios, sin problemas, apostaron a que podés. Les tengo que dar las gracias porque en cada gesto, en cada palabra, en todo lo que hacen ponen el corazón. Sería imposible nombrarlos a todos, pero les cuento que está Alberto Bustamante (director y capitán de este barco de ilusiones), mis seños Raquel y Nerina, los profes, los especialistas. Sin ellos todo sería imposible. Porque a pesar de tener vidas distintas se complementan y supieron formar lo que se llaman una familia. Por favor señores gobernantes y postulantes, ayúdenme a decirles gracias. Cemer no está pasando por el mejor de los momentos económicos. Dos sábados atrás organizamos una fiesta para poder techar el patio, porque están constantemente pensando en nosotros y no tienen subsidios ni ayuda de nadie. Con una mano en el corazón, ¿nos pueden ayudar? Mis compañeros y yo necesitamos a Cetem, no nos dejen solos, no nos abandonen. Nosotros también tenemos derechos, no nos quiten la ilusión. Si visitan este lugar sabrán lo que hacen por nosotros. Gracias Cetem por darme las posibilidades y por darme tanto cariño día a día.

































