Las expresiones de violencia que se insinuaban como inminentes a raíz del cambio
institucional en Newell’s explotaron ayer a la tarde dentro de la sede del club. Un grupo
integrado por unas 40 personas que esgrimían armas de fuego, palos, bates de beisbol y piedras
atropelló la administración provocando destrozos ante el pavor de los socios que hacían trámites
allí. Luego se internaron en la zona de parrilleros del club. Disparando balazos y lanzando
pedradas, provocaron una estampida entre las decenas de personas sentadas a las mesas, avanzando
unos 80 metros por la vereda que conduce a la pileta rehabilitada.
Alertados por efectivos que hacían adicionales, una veintena de patrullas y
camionetas de la Unidad Regional II llegaron a diez minutos de iniciada la arremetida. Detuvieron a
21 personas —19 mayores y dos menores de edad— a las que se atribuye la realización de
los desmanes. Nadie resultó herido. Les secuestraron una pistola calibre 9 milímetros sin cargador,
una decena de armas punzantes y seis cuchillos dentados de cocina.
Más de la mitad del grupo violento que consiguió escapar se llevó consigo tres
libros de la administración del club. Entre ellos está el de reempadronamiento de socios y el de
control de servicios adicionales policiales.
La arremetida. Al grito de "esta es la barra de Newell's", "tenemos aguante" o
"nadie nos va a sacar", el contingente bajó a las 15.30 con piedras y armas de dos viejos
colectivos de línea que quedaron estacionados en una rotonda sobre la sede. Fuentes policiales
aseguraron a La Capital que el grupo estaba encabezado por Roberto Pimpi Caminos, el sindicado jefe
de la barra brava leprosa, cuyo liderazgo quedó en cuestión tras la derrota electoral de Eduardo J.
López el 14 de diciembre pasado, quien le había cedido el control de la zona del club a la que
ahora retornaba. Según la coincidencia cerrada de testigos, eran jóvenes en la mayoría y también
había adolescentes y chicos.
Fuentes policiales aseguraron que el grupo era comandado por los tres hermanos
Caminos: Roberto, Juan y Alberto, alias Tato. Ninguno resultó detenido.
Cuando vio surgir al pelotón, una suboficial que custodiaba la administración
dijo a los recién llegados que si deseaban reempadronarse tendrían que formar fila. Según la
policía allí se inició la acometida: a la uniformada le arrebataron el arma reglamentaria que ella
misma consiguió recuperar. Enseguida empezaron los destrozos: rompieron escritorios, un panel de
material sintético usado para tomar fotos para carné y cerramientos de vidrio. Entre quienes allí
contemplaban azorados lo que ocurría estaba el diputado provincial Pablo Javkin (ARI).
"Llegué a retirar el carné y estaba allí cuando entraron con palos. Hicieron
algunos destrozos y después siguieron para adentro del club", contó Javkin a este diario. En el
club había, en ese momento, unas 300 personas. La mayoría en la zona de la pileta. Otros en las
mesas a la sombra contiguas a la tribuna popular y algunos haciendo reparaciones dentro del
estadio.
Sobrevino entonces el momento más exasperado. Según los testigos, los hinchas
hicieron disparos al aire, originando una corrida entre las personas allí presentes. Al menos
cuatro vainas servidas de esos balazos de armas de guerra, como pistolas nueve milímetro, quedaron
en el piso. Uno de los disparos abrió un orificio de un centímetro de diámetro en un tanque de
fibrocemento apoyado en el piso. Otro proyectil se incrustó en un árbol.
Lanzando piedras y palazos, los recién llegados desalojaron del lugar a los
asociados. La columna siguió hacia el sector de la pileta pero no alcanzó a traspasar un portón
metálico negro situado a pocos metros del estadio cerrado. Todo duró cinco minutos. Hasta que las
calles aledañas se empezaron a poblar de patrulleros.
A partir de allí los incidentes fueron aplacados y 21 personas quedaron
detenidas. Efectivos de las Agrupaciones Cuerpos y Orden Público incautaron una pistola 9
milímetros que estaba en poder de un menor de edad.
Espacios en disputa. La intención del grupo armado que entró al club pareció ser
pasarles un mensaje elocuente a las nuevas autoridades encabezadas por Guillermo Lorente: que los
antiguos líderes tribuneros no resignarán pacíficamente las prebendas que conquistaron durante la
era López —básicamente el control económico del estadio cubierto, el manejo de algunas
transferencias, la influencia sobre jugadores de las inferiores y los viajes en las fechas de
visitante— y que intentan persistir como factor de poder dentro del club.
Los dos colectivos incautados por la policía fueron apuntados por los socios
como los utilizados usualmente por los barrabravas rojinegros comandados por Pimpi Caminos para
trasladarse a la cancha.
El subjefe de la Unidad Regional II, comisario mayor Miguel Angel Rodríguez, contó a La Capital
que cuando la policía empezó a llegar masivamente al club los violentos que habían ingresado se
escurrieron en distintas direcciones. "Se hizo un rastrillaje en la zona con el resultado de 21
detenidos. Uno de ellos llevaba un arma de guerra calibre 9 milímetros. Era un chico de 17 años".
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