Quiero enviar un saludo al pueblo venezolano. Por supuesto, al que está por la paz, no a los violentos. Me preocupa su situación, porque hoy son ellos, pero mañana puede ser Argentina, porque aquí también tenemos a esos personajes que están allá, y ya se los percibe en los medios. Son esos que estarían felices de lograr una situación parecida a la de Venezuela, a punto de una guerra. Es increíble pero real que no puedan tolerar a un gobierno que trata de mejorar la situación de los que menos tienen, los pobres del mundo no tenemos el odio que estos personajes sí lo tienen. Me alegra que no lo tengamos, porque no lo justificaría, pero sería entendible frente a gobiernos que que no les importa la vida de los trabajadores, ni de los niños que se mueren por falta de recursos; digo, se entendería una reacción violenta y sin embargo no la hay. Por otra parte, creo que la única posibilidad de que la gran mayoría de los pueblos vivan un poco mejor es achicando los grandes privilegios y ganancias de unos pocos. Me gustaría que éstos piensen por un momento que si no fueran por los que trabajamos ellos no podrían acrecentar sus fortunas. Pero también nosotros debemos pensar en los trabajadores que dejan sus vidas en la construcción de grandes edificios, en tanto ellos jamás podrán tener una casita para su familia. Todo esto me gustaría que piensen "los hijos de papá" que salen a protestar, quizás porque creen que están en peligro las fortunas que mañana serán de ellos: ¿Será mucho pedir esto? Quizás soy muy ingenuo, porque siempre pensé que cuando se elige a un presidente, al que gana lo deben ayudar todos los partidos que participaron en la elección, para que ese ganador pueda cumplir con lo que prometió; entonces sí la oposición tendría derecho a cuestionar su incapacidad y junto con la mayoría del pueblo pedirle que se vaya. Aunque nunca ocurre de esta forma. Al contrario, los perdedores buscan de mil formas que le vaya mal al que ganó. Por último, mi consejo permanente: pensar, pensar... tener nuestra opinión propia, no dejarnos llevar por lo que escuchamos y no olvidar ese gran refrán que dice: "Dime con quién andas y te diré quién eres?

































