Como lo hace todos los días, Juan Padín se disponía ayer a la madrugada a
recorrer con su furgoneta los 162 kilómetros que separan Rosario de la localidad de Wheelwright
para transportar encomiendas del Correo Argentino. Pero en la zona sur fue emboscado por cinco
hombres, repartidos en dos vehículos, que actuaron con rapidez: le dieron un culatazo en la cabeza,
le robaron el celular y se apoderaron de unas doce sacas.
Desde el área de seguridad del Correo Argentino indicaron
que las sacas robadas al parecer contenían dinero y teléfonos celulares, pero para la policía el
contenido no estaba determinado. "Los remitos no declaran el traslado de elementos de valor.
Creemos que se trataba de piezas de correspondencia y pudo ser un robo al azar", dijo anoche un
oficial de la comisaría 33ª, donde recién recibirán hoy un detalle de lo robado por parte de
autoridades del Correo.
Padín tiene 44 años y desde hace uno y medio trabaja para
LDA, una firma que transporta paquetes postales para el Correo Argentino. Recorre todas las
sucursales en la ruta que une Rosario con Wheelwright.
A las 6.30 de ayer salió de la sede central de Buenos Aires
810 en una camioneta Mercedes Sprinter. En el vehículo llevaba unas 70 sacas cerradas. Circuló por
el acceso sur, después siguió por la avenida de Circunvalación y quince minutos después llegó al
cruce con Ovidio Lagos. Allí se detuvo por la luz roja del semáforo.
Acorralado. En ese momento una camioneta Ford Ranchero y un Fiat Uno se
interpusieron en su paso. En los dos vehículos iban cinco hombres vestidos con vaqueros, remeras y
buzos. Tres de los desconocidos bajaron con rapidez y los otros dos quedaron al mando de los
rodados. Enseguida, Padín escuchó la frase de rutina. "¿Dónde está la plata?", le preguntó uno de
los ladrones mientras exhibía un revólver.
Sorprendido, el conductor sólo atinó a decir que no sabía
si transportaba efectivo. "Las sacas están cerradas y yo no sé qué hay en cada una de ellas",
explicó Padín a La Capital. En rigor, según dijo el chofer, sólo las autoridades del Correo
Argentino conocen el contenido del cargamento.
La respuesta del conductor alteró todavía más a los
asaltantes, que no podían disimular su "nerviosismo". El ladrón armado entonces le asestó a Padín
un culatazo en la cabeza, mientras otro de los malhechores lo golpeaba con brutalidad en una mano.
El chofer afirmó que en ningún momento ofreció resistencia.
A pie en la Circunvalación. En el tramo siguiente del asalto, el conductor fue
obligado a bajarse del utilitario. Uno de los ladrones partió al mando del vehículo y detrás de él
salieron sus cómplices en la Ford Ranchero y el Fiat Uno. "El tipo se llevó la camioneta y a las
dos cuadras cargaron las sacas en sus vehículos", comentó el chofer.
A Padín le habían quitado el celular, de modo que caminó
resignado los 200 metros que lo separaban del lugar donde quedó abandonada su furgoneta. Al llegar,
comprobó que se habían llevado la llave y unas doce sacas del cargamento.
Le brotaba sangre de la cabeza cuando le pidió ayuda a un
hombre que pasó por el lugar. "Me acaban de asaltar", explicó. Con el celular del recién llegado
denunció el robo a la policía y se contactó con médicos del Sies, que le brindaron las primeras
curaciones. "En el hospital Gamen (de Villa Gobernador Gálvez) me suturaron la herida con seis
puntos", comentó. Hasta anoche la policía no había determinado qué contenían las sacas. "Cuando
llevan algo de valor eso va declarado en los remitos, lo que no ocurre en este caso", dijo un
investigador.