Hasta hace algunos meses nuestro Código Civil contemplaba el concepto del temor reverencial, una vieja figura del derecho romano, ordenadora en la tradición del "pater familia" o en la residencia de la autoridad (y por ende el poder) en el hombre jefe de hogar (no por su presencia en el mismo, sino para paliar su ausencia ante la partida a las diferentes campaña bélicas), siglos después, lo que inicialmente sirvió para consolidar las instituciones familiares y sociales, devino, en patriarcalismo y machismo, abusivo e intolerable. En plena búsqueda de nuevas valoraciones, no obstante, en nuestra política vernácula, la figura del "temor reverencial" no sólo que está presente, sino que además es el principio rector por el que se ordenan los asuntos políticos. "Todos le tienen miedo a…" Es la frase que suena y resuena en todas y cada una de las voces, sean opositoras u oficialistas, demarcando que la principal arma que posee el gobernante es el de, al menos mantener, el temor que su figura de poder despierta ante todos y cada uno de sus gobernados.



































