Cuando a su tiempo, los polacos y los alemanes se enteraron de que uno de ellos había sido designado Papa, reaccionaron con orgullo y alegría, asumiendo la importancia del acontecimiento. Aquí, en nuestra patria, en vez de reaccionar con alegría y orgullo, cuando Jorge Bergoglio fue designado Papa, muchos, en varios niveles, se pusieron a hacer vanos cálculos ideológicos y politiqueros. No asumieron lo trascendental del hecho, que un compatriota había sido designado Papa, líder espiritual de más de mil millones de personas, lo que implicaba entre varias otras cosas, que la Iglesia del Nuevo Mundo pasaba a partir de ese hecho a ser una "Iglesia Fuente", como predijo unos años antes Methol Ferrer, amigo de Bergoglio y ácido pensador. Luego de dos años intensos, Francisco se ha convertido en un líder mundial, las cosas han cambiado significativamente para bien: ya no más especulaciones financieras, castigo a los pedófilos, reorganización de las estructuras vaticanas, asentuando las esencias evangélicas. Intervino en el conflicto sirio, impidiendo una invasión; intervino en Palestina haciendo coincidir a los líderes de las tres religiones monoteistas en una ceremonia de profunda espiritualidad por la paz; intervino en Cuba para que no vuelvan los yanquis a poner casinos y prostíbulos; fue a Lampeduza donde los desarrapados de Africa intentan muchas veces perdiendo la vida obtener un poco de dignidad para ellos y sus familias. Nos acostumbró a declaraciones y actos valientes de coraje, que sólo una persona de una profunda convicción espiritual y de claridad conceptual podía realizar. Lo tuvimos 10 años entre nosotros en los primeros planos y por su humildad personal y nuestra indiferencia como sociedad, en general, no lo conocíamos. Se atrevió ahora nuestro Papa a conmemorar, nada menos que en San Pedro, los 100 años del primer genocidio del siglo XX, el genocidio del pueblo armenio, hecho al que nadie se le atrevía y él lo hizo, despertando el profundo agradecimiento de los armenios allí presentes, ellos negados históricamente fueron justamente reinvindicados. La reacción de los turcos no se hizo esperar "cómo no iba a actuar así, si es argentino, país que una vez protegió a los nazis", aquí una aseveración incorrecta que prueba qué valor tiene la propaganda: los técnicos y científicos alemanes que terminada la Segunda Guerra Mundial fueron a EEUU estuvieron al servicio de la democracia, Von Braum por ejemplo; los que fueron a Rusia estuvieron al servicio del Estado soviético; pero los que, mediante el desempeño exitoso de los servicios secretos argentinos vinieron a nuestro país, siguieron siendo nazis. Sigamos con atención y apoyemos los dichos y hechos del Papa Francisco porque no queda duda, los cambios van en serio, la Iglesia y el mundo no serán los mismos luego de su pontificado. No hay más que leer detenidamente su exortación apostólica "La alegria del Evangelio", lúcido, sencillo y profundo documento donde se traduce su pensamiento con una claridad meridiana, analizando desde los valores evangélicos, el mundo actual y su crisis esencial.




































