"Esto fue un tema interno de la barra. El asunto es así: la barra brava anterior
quiere venganza, quiere volver, y la muerte era para Diego Panadero Ochoa, el que sacó a Pimpi
Camino. Lamentablemente se equivocaron de colectivo y mataron a mi hijo". Las declaraciones
corresponden a Carlos Cáceres, el padre del chico de 14 años asesinado a balazos en la emboscada
que sufrió la barra de Newell’s Old Boys la madrugada del jueves en la autopista a Buenos
Aires, frente al barrio Las Flores. Los dichos no hace más que confirmar lo que se proclama desde
el mismo momento del trágico hecho: los tiros volvieron a ser la moneda de intercambio entre los
delincuentes que se disfrazan de simpatizantes. Y si algo le faltaba a esa confirmación, el
secretario del club del parque Independencia la terminó de brindar: "Newell’s tiene hinchada
y como todo club del fútbol argentino tiene barra brava. Y la tendrán hasta que haya un cambio
político que solucione el problema" (ver página 41).
En tanto, ayer se fueron sumando nuevos elementos a la causa que intenta
determinar quiénes asesinaron a Walter Gastón Cáceres. En ese sentido, voceros de la pesquisa
aseguraron a LaCapital que en la "investigacion prevencional hay un testimonio formalizado que
acusa a Chamí como el que tiró contra los colectivos con un fusil ametralladora". El joven que
recibe ese apodo no es otro que uno de los hijos de Roberto Camino, el ex líder de la barra leprosa
que parece seguir gozando de cierto grado de impunidad. El menor, con varios antecedentes sobre sus
espaldas, está prófugo de la Justicia que lo busca por un homicidio ocurrido el 23 de enero del año
pasado en el barrio La Tablada.
Asimismo, desde la Jefatura de policía se comunicó ayer que cuatro hinchas de
Newell’s fueron apresados cuando estaban a bordo de un utilitario frente a una estación de
servicios de la zona oeste de la ciudad y en su poder tenían una pistola calibre 9 milímetros
cargada con 16 cartuchos que fue secuestrada y será peritada para saber si fue una de las
utilizadas en la mortal emboscada del jueves.
El comienzo. Todo empezó la madrugada del jueves cuando la barra brava de
Newell’s regresaba de Buenos Aires tras presenciar el partido que el primer equipo rojinegro
perdió con Huracán en Parque Patricios. Según los testimonios recogidos por este diario, el micro
que traía a los hinchas sufrió el reventón de dos neumáticos apenas atravesó el puente sobre el
arroyo Saladillo. Entonces debió detener su marcha unos 600 metros más adelante, frente al
rancherío del barrio Las Flores. Allí estuvieron cerca de media hora a la espera de que otro
colectivo, que había llevado un grupo de hinchas hasta Villa Gobernador Gálvez, fuera hasta el
lugar para permitir el trasbordo de los pasajeros.
Cuando ese micro arribó y la gente pasaba de un coche al otro, sobre ellos cayó
una lluvia de balas, disparadas con pistolas 9 milímetros y hasta una pistola ametralladora, desde
un cañaveral que separa la ruta de la humilde barriada. Como consecuencia del ataque, que fue
repelido desde uno de los micros con pistolas, Walter Cáceres fue alcanzado por tres proyectiles en
la cabeza y otro en la espalda. El chico falleció unas 36 horas después en el Hospital de
Emergencias. Otros dos hombres, Diego Malcovic y Carlos Muratovic, sufrieron heridas pero sus vidas
no corrieron peligro.
Los por qué. Desde el mismo instante en que ocurrió el hecho se confirmó que
había sido una emboscada planificada por el antiguo líder de la barra brava, Roberto Pimpi Camino,
para poner fin al liderazgo, sino a la vida, del actual dueño del paraavalancha: Diego Panadero
Ochoa. Con el paso de las horas esa hipótesis, adelantada por este diario en su edición del
viernes, fue confirmada por todos los sectores: víctimas, policía y Justicia.
Desde el lado de las víctimas lo sostuvieron el propio padre del menor asesinado
y al menos tres de los barras que viajaban en uno de los micros atacados. "Mi hijo quedó en el
medio de un enfrentamiento entre barras", manifestó Cáceres y dijo que dará a conocer las
identidades de los implicados en una conferencia de prensa, el lunes o martes, aunque adelantó que
"la gente, la policía y los jueces saben quiénes son".
Cáceres no dudó en caratular lo ocurrdio como una emboscada. Y argumentó que "la
barra brava anterior quiere venganza, quiere volver. La muerte era para Diego Panadero Ochoa, el
que sacó a Pimpi (Camino). Pero lamentablemente se equivocaron de colectivo y mataron a mi
hijo".
Lo que no dijo Cáceres es que no hubo ninguna equivocación. Según la información
de la pesquisa, Diego Ochoa viajaba en uno de los micros baleados y todavía no había descendido
para trasbordar de unidad cuando empezó la lluvia de proyectiles. Incluso, aseguran avezados
pesquisas, fue él uno de los que repelió el ataque desde arriba del colectivo.
Los quiénes. En este marco, los policías que investigan el hecho quieren
determinar quiénes integraron la banda de entre 10 y 12 hombres que escondidos en los pastizales de
Las Flores atacaron al convoy de barrabravas. Saben, por testimonios aportados por voces de la
calle, que llegaron hasta Las Flores en al menos dos autos y una moto, que estaban no sólo bien
armados sino también pertrechados algunos de ellos con chalecos antibalas. Y también conocen, por
los años que llevan en el oficio, que a ese lugar de Las Flores no se accede facilmente a esa hora
de la madrugada si no se tiene la venia de la banda que controla el lugar: Los Monos.
En este orden habrá que recordar que Los Monos supieron ser socios de Pimpi
Camino durante su reinado en el paraavalancha leproso. Y, aunque algunos hombres de la policía
dicen que esa alianza se rompió, otros aseguran que está más fuerte que nunca y que el hijo prófugo
de Camino, Chamí, está aguantado en un rancho de Las Flores con la protección de Los Monos. Deberá
ser la policía la que descubra si esto es así y poner al muchacho delante del juzgado de Menores
que ordenó su captura porque hay versiones que lo sindican como el que disparó la ametralladora
FMK3 contra el colectivo de los barrabravas.
A ese reclamo de la Justicia, Chamí le suma un pedido que pesa sobre él por la
ejecución a balazos de Sebastián Galimany, ocurrido el 23 de enero de 2009 en las calles de La
Tablada. La víctima fatal tenía 21 años y al momento de ser atacado estaba en compañía de Facundo
S., de 22, que milagrosamente salvó su vida pero quedó con secuelas irreversibles.
Ese estado no le impidió a Facundo sindicar ante los investigadores al hijo de
Pimpi Camino como el ejecutor del crimen. Sin embargo, pese a los detalles aportados por el
testigo, la causa no tuvo ningún impulso ni en la policía ni en los Tribunales.
Armas en la mira. A la investigación por la mortal emboscada se sumó también un nuevo elemento.
Un llamado anónimo al teléfono 911 de emergencias alertó sobre la presencia de un grupo de hinchas
leprosos, en actitud cuanto menos sospechosa, frente a una estación de servicios de la zona oeste
de la ciudad. Hacia allí fue una brigada de la Policía Motorizada que identificó a los muchachos y
les halló una pistola calibre 9 milímetros con su cargador completo. El parte oficial dice que poco
después de las 20.30 del viernes llegó la voz de alerta. Los policías que fueron al lugar se
toparon con un utilitario Fiat Iveco, patente EQS 503, en el que había cuatro muchachos a los que
se identificó como Erensto Javier Avejera, de 34 años y domiciliado en barrio Acíndar; Mauricio
Andrés Centurión, de 27 años y afincado en esa misma zona; Walter Hugo Sauco, de 21 años y radicado
en Vera Mujíca al 4500 (a cuatro cuadras de la casa del Panadero Ochoa); y José Luis Orellano, de
21 años.
Al requisar el auto, los policías hallaron en el portaobjetos de la puerta izquierda una pistola
Bersa Thunder calibre 9 milímetros con 16 proyectiles en su cargador y un cinturón pistolera con
otras 17 balas. Esos elementos y el vehículo quedaron incautados a disposición del juzgado de
Instrucción en turno para realizar los peritajes correspondientes. Es que para los pesquisas, esa
arma podría haber sido usada en el enfrentamiento de la madrugada del jueves.Además, algunas voces
manifestaron que detrás de esa Fiat Iveco había otro auto en que habría estado Pimpi Camino, una
versión que ninguna autoridad policial pudo o quiso confirmar.
Asimismo, una información anónima que recibieron en la Dirección de Asuntos Internos de la
policía rosarina, dio cuenta de que en una casa de calle Los Capitanejos, en Granadero Baigorria,
se hallaban escondidas las armas de la barra brava. Los pesquisas lograron la orden de allanamiento
correspondiente y fueron hasta el lugar. Las armas no estaban, pero en el lugar había 800 gramos de
cocaína y por eso dieron intervención a la gente de la Dirección de Prevención y Control de
Adicciones. El dueño de la vivienda, el cabo primero retirado de la policía Alejandro Kellis,
terminó tras las rejas.