Aceptando que Dios es el creador de todo, el mono, ubicado científicamente como nuestro ancestro, también lo es. Según la Biblia: "Todo lo que viene del Señor es bueno y luego el hombre es el que lo degenera". Suponiendo que en principio, para aliviar la tarea del Señor, hubo un solo mono, luego la evolución de las especies, según Darwin, y en casos el hombre, fueron mutando o desnaturalizando el modelo inicial. Según Colín Groves, existen 16 familias, 75 géneros y 449 especies de monos. Es decir, aquel ser antropomorfo y más que prehistórico, transcurridos millones de años, lo seguimos denominando mono, ajeno a sus orígenes. Tan inmensa y perjudicial para la humanidad fue la mutación que algunas especies, como real ofensa para el utópico propósito inicial de Dios, llegaron a convertirse en hombres, y peor aún, algunos de ellos en profesionales o políticos. Concluyendo en que, desposeídos de toda humildad, en creencia de una superioridad atribuida de modo ignorante a su desubicada y mal creída posición en el reino de los seres vivos, hablan, opinan, parten y reparten con mentalidad de caciques tribales. Con una diferencia demostrando toda ausencia social y comunitaria, sintiéndose estúpidamente superiores, desprovistos del más común de los sentidos como lo es el sentido común. Con una sola virtud, han desarrollado capacidad para pasar inadvertidos en sus trashumantes preferencias sectoriales, logrando vestirse ocasionalmente con el disfraz de mono que más les conviene según las circunstancias.



































