Estar cortando fiambre en un almacén y un minuto después pasar para siempre a
depender de terceros para ir al baño, para asearse, para vestirse, para ganarse la vida. Es lo que
le pasó a Mariano Vaccaro y plantearlo así ilustra mejor lo que supone decir que alguien quedó
cuadripléjico.
Como nadie tiene pruebas de lo que pasó no sería atinado
cargarle a alguien la responsabilidad de haber provocado algo tan trágico. Sólo está insinuado que
esto tiene que ver con las disputas internas de Newell’s.
Es posible que esto no tenga conexión alguna con el
caliente momento institucional de Newell’s. Aclarado esto, pueden decirse dos cosas
significativas, que reproducen rasgos de una secuencia histórica. La primera: todos los hechos que
implican a la barra brava rojinegra y sus cómplices se presentan siempre como "confusos". La
segunda: están todos impunes. La policía de Rosario no aclaró un solo caso en años.
Los enfrentamientos a cielo abierto de gente allegada a
Newell’s y sus dramáticos resultados se reproducen. El caso de Mariano Vaccaro es calcado a
otro ocurrido el 16 de junio de 2004. Ese día la barra lo fue a buscar al barrio Las Flores a Oscar
Cacho Lucero, antiguo líder tribunero, y balearon el frente de su almacén. No le dieron a él sino a
su empleada, Nazaret Melgarejo, de 31 años y madre de cuatro hijos, que murió en el acto.
No se halló al culpable de este asesinato, ni tampoco del
de Gonzalo Ferraro, de 21 años, que recibió un tiro en el banderazo del 17 de febrero de 2005,
dentro del estadio. No se sabe quién mató de un balazo de 9 mm a Marcelo Martín Coria, de 26 años,
en el Fonavi de Alice y Lamadrid, donde la barra leprosa tiene predicamento y referentes.
Jamás se aclaró quiénes eran los tres hombres que entraron
a la casa del intendente del polideportivo de Ñuls en Bella Vista, Daniel Cáceres, y le asestaron
cinco puñaladas el 24 de abril de 2002. Ni de tantos incidentes a balazos ocurridos en plena calle
que envolvían a conocidos barrabravas.
Que estos hechos persistan en la categoría de "confusos" y "sin culpables"
plantean una pregunta: ¿Hay algún compromiso para la impunidad? Y produce además la idea de que, en
este marco de ausencia de esclarecimiento, la de Mariano es, además de triste, una experiencia
transferible. Puede pasarle a cualquiera. La policía local y las autoridades de seguridad
provincial deberían tomar nota. Así la causa de esto sea otra.