A pesar del fracaso de la reunión cumbre en Copenague sobre calentamiento global y medio ambiente, cada día cobra más fuerza la relación economía y medio ambiente. Los científicos opinan que los términos van unidos en forma directa y la interacción entre ellos y la sociedad es más que un pensamiento, es una realidad. Mientras en el mundo se trata de homogeneizar acciones (ejemplo, prohibir el uso de los motores de dos tiempos en ríos y lagos por su poder contaminante, la incineración de plásticos con la liberación de dioxinas además de cancerígeno, poderoso contaminante de la atmósfera) en nuestro país participamos dialécticamente de los mismos, pero en la práctica hacemos lo contrario. En nuestra región el enfrentamiento entre la economía y el medio ambiente lo tiene a este último como perdedor absoluto, sino veamos la degradación de las islas frente a Rosario por el dragado del río Paraná. Nunca se realizó un estudio de impacto ambiental, ni se monitorea los efectos indeseables de los mismos y obviamente no se realiza ningún gesto o acción de protección sobe las islas. Mientras, se renueva la concesión del dragado del canal del Paraná. Los que frecuentamos el río nos sentimos como si se diera en concesión la venta del hielo del Glaciar Perito Moreno y los habitantes asistieran impávidos ante semejante atropello. Así lo sentimos.


































