Amigos: así es. El gobierno nacional se va, dejando un sendero teñido de sangre. Prometió las drogas urgentes para 1.200 personas enfermas de hepatitis C que no pueden esperar los tiempos de la burocracia, los mercados o los vaivenes de la política. Prometió y no cumplió. Deja para el próximo gobierno la problemática. Todo eso es tiempo, tiempo que esas 1.200 personas no tienen. Los médicos hepatólogos esconden su dolor y su vergüenza por haber prometido lo que le gobierno les aseguró que haría, pero no cumplió. Seguimos perdiendo vidas. No podemos más. Hace unos días estuvimos acompañando desde el interior del país a la Fundación HCV Sin Fronteras, que elevó su grito desesperado frente al Ministerio de Salud de la Nación, con remeras rojas, en este caso simbolizando el color de la sangre y la impotencia. Y, aunque estamos apabullados por tanta indiferencia no dejaremos de luchar hasta el último instante de nuestras vidas.





























