Que hermoso espectáculo nos está brindando la estación del otoño con muchas calles de la ciudad que poseen especies de árboles con hojas caducas tempranas, como ser los fresnos, tilos, nogales, lapachos y paraísos, entre otros. Con la caída temprana y rápida de sus hojas amarillas, dejando en pocos días sus ramas libres para permitir la entrada de la luz vivificante y el calor agradable del sol durante el día, y mejorar la iluminación nocturna al no tapar los focos del alumbrado. Pero hay muchas otras calles céntricas que permanecen frías, oscuras y húmedas por las especies de árboles que se han implantado de las familias de los jacarandá o ibirapitá, que durante todo el otoño e invierno no largan sus hojas, cubriendo las calles de un manto de sombra diurno, no permitiendo la entrada del sol, y obstruyendo en horas de la noche la iluminación artificial de los focos del alumbrado público que quedan ocultos entre sus frondosas ramas. Desconozco el criterio que han seguido los organismos municipales del área para la selección de las mejores especies para el arbolado público urbano. Sería de desear que se hagan las intervenciones más aconsejables para mejorar un bien ciudadano tan apreciado como es el árbol.


































