Desde los albores de su raciocinio, el hombre siempre se ha afanado en escrutar los inefables misterios del cosmos. Los sabios de antiquísimas culturas como la sumeria, la egipcia o la hindú, advirtieron hasta donde les alcanzaba la vista que en los cielos y en los planos superiores del universo subsistía una plenitud de armonía cósmica, integrada por estrellas, aerolitos, planetas y satélites, producto de un arquitecto llamado, en filosofía gnóstica, Demiurgo. Se dice de este hipotético artífice que, sin ser necesariamente una entidad creadora, fue el impulsor del universo. También, en la filosofía idealista de Platón, Demiurgo es considerado un dios del mundo y autor del cosmos. Para Hegel, la realidad del cosmos equivale a la realidad de la razón, que se convierte en Demiurgo al decir que el universo es una fuerza independiente y divinizada. W.B Slaughter, en su libro "Moderno génesis", pág. 48, dice: "No es la física que pueda resolver el nacimiento y movimiento eterno de lo inmanifestado, periódico y manifiesto cuando el calor generado por la llama, materia primordial que manipula las partículas para mover sus átomos en torno de sí mismo, última esencia irresoluble y noumenal". Irresoluble de todos modos para la ciencia física. H. P. Blavatsky, en "Cosmogénesis", T. I, pág. 132, opina: "El cosmos es la cosa eterna, omnipresente de todo; la incomprensible deidad, cuyas vestiduras invisibles son la raíz mítica de toda materia, y del universo, que es esencia de la misma materia; y en su sentido abstracto es coeterno con el espacio mismo... El cosmos no tiene principio concebible ni fin imaginable..." Nuestra galaxia es sólo un número entre otras del más allá. Científicos italianos aseguran que las galaxias descubiertas llegan a setenta, cadena cósmica del sistema septenario, tema que trata la filosofía esotérica. El arquitecto que haya dirigido todos estos procesos caóticos del cosmos, dejándolos a la suerte de una explosión cuyo éxito fue la creación de un universo maravilloso, está muy lejos de la creencia de un mundo cotidiano no acostumbrado al pensamiento dialéctico. Los que se adhieren a la teoría de la "Máquina de Dios", junto a los cosmos-físicos del "Gran Colisionador de Hadrones", no pueden explicar qué había antes del Big Bang, y qué lo contenía a éste antes de explotar. Similar reflexión cabe referente al boson de Higgs, hipotética partícula Nº 18, cuya existencia aún no se conoce y permanece en la fantasía de los investigadores. Conclusión: para Kant, esta hipotética reconstrucción del Big Bang sería sólo una intuición beatífica de la que el hombre está desprovisto.


































