Dos muchachos dirimen un incidente de tránsito a los gritos y a los empujones. Un hombre insulta a su esposa porque no le planchó la camisa. Una mamá se angustia frente al televisor porque está a años luz de la modelo que acaba de parir y posa en biquini para las cámaras. Las escenas cotidianas cargadas de violencia y exigencias inalcanzables abundan. Verónica Cepero, maestra de la Escuela Nº 1148 Martín Miguel de Güemes de Villa Gobernador Gálvez reflexiona sobre el acoso escolar, fiel reflejo de una sociedad compleja y cada vez más hostil: "En el contexto social en el que trabajo, mucha veces los problemas familiares o de vecinos se arreglan con la agresión física o el maltratro verbal, es lo que los niños cuentan desde su inocencia; sus experiencias son a menudo muy cruentas. Creo que no hacen más que replicar en sus pares esos modelos que conocen". La docente relata que "en ocasiones, los propios padres les hacen ver a los chicos que esa manera de reaccionar en la escuela está bien". Cepero admite que para las maestras es un tema de preocupación que no queda sólo en eso porque "implementamos acciones para evitarlo o minimizarlo". "Lo hacemos en las áreas de lengua o ética a través del juego, comentamos en grupos las malas acciones y proponemos que escriban lo que sienten, tanto del lado del que es maltratado como del que maltrata. Es un trabajo cotidiano".


































