En últimas observaciones de astrofísicos han descubierto un agujero negro súper masivo, situado a 60 millones de años luz de la Tierra y que gira casi a la velocidad de la luz. En este descubrimiento se ha conseguido por primera vez predecir la velocidad de dicho fenómeno sideral, determinándose que lo hace al 84% de la velocidad de la luz o de lo permitido por las leyes de la física. El diámetro de este basurero es diez veces la distancia de la Tierra a la Luna, 3.850.000 kilómetros o diez veces la circunferencia de nuestro planeta. Lo interesante de este descubrimiento es lo que permitió poner a prueba la Teoría de la Relatividad de Einstein, en condiciones extremas donde un campo gravitatorio es enorme; espacio-tiempo, distorsionado. Este agujero negro es una masa de miles de millones de masa, infinitamente mayor a la masa solar, donde éste queda como una estrella enana. Estos agujeros los tenemos en todas las galaxias pero, particularmente, en la Vía Láctea, que se destaca por su agujero negro súper masivo, un engendro estelar en una región finita del espacio en cuyo interior existe una masa infinitamente elevada que genera un campo gravitacional en que ninguna partícula material, ni siquiera la luz puede escapar de él. La gravedad de un agujero negro o curvatura es una superficie cerrada, llamado horizonte de sucesos, situación prevista en las ecuaciones de campo de Einstein. El horizonte de sucesos separa la región del agujero negro del resto del Universo, límite protector entre agujero negro y espacio. Estos pantagruélicos agujeros negros rodeado de grandes discos turbulentos de materiales que caen en este círculo de creación como gas, polvo estelar, estrellas destrozadas que se acercan en espiral a la superficie del agujero negro, son calentadas hasta miles de millones grados, produciendo gran cantidad de energía, especialmente rayos X, en que todo es tragado por este basurero del Universo.



































