Días atrás se habló mucho de dos jóvenes mujeres muertas por complicaciones de los abortos realizados. Además nos enteramos a través de una carta de lectores de un joven que perdió años atrás a su madre por la misma práctica. Para algunos, no sé si muchos, estas noticias parecen tener sólo tres víctimas: tres mujeres jóvenes. Sólo quiero agregar que fueron seis los muertos, exactamente el doble. Nos está pasando lo mismo que el operario militar que apreta el botón de una infernal máquina y que a miles de kilómetros de donde él está mueren niños, mujeres y hombres por el misil que cayó en Palestina, Irak u otro lugar. El tampoco cuenta las víctimas, porque no las vio ni las sintió llorar, gritar desgarradamente cuando las bombas explotaban en sus casas mientras dormían. Son seis los muertos en esos episodios. El joven desolado por el infortunio perdió a su mamá y a su hermanito menor. De haber decidido seguir adelante con los tres embarazos hoy tendríamos seis seres humanos disfrutando de la vida. Dios provee amor, no perdamos la esperanza en él. Si alimenta los pájaros silvestres cómo no nos va a alimentar a nosotros que somos sus hijos predilectos. El aborto, en buenas o malas condiciones, legal o ilegal para la ley de los hombres, no es el camino adecuado, es otro camino, de los tantos que hoy podemos elegir, para la autodestrucción de la especie humana.




































