Cada tanto tiempo, sin prisa y sin pausa, alguien, por denominarlo de alguna manera, se encarga de mandarle a los humanos alguna calamidad de variada intensidad, pero siempre con resultados desastrosos para la vida humana o para los bienes materiales. Estas calamidades, como las inundaciones, huracanes, maremotos, sunamis, volcanes, avalanchas o desmoronamientos, como las que se produjeron recientemente en dos lugares distantes como Nueva York con el huracán Sandy, y en menor escala en Roldán, donde la crecida de un río socavó un puente y se tuvo que interrumpir el tránsito vehicular por donde pasa gran parte de la carga de la región. Cuando aparece una de estas calamidades, yo me pregunto: ¿qué institución, organismo, o empresa tiene la capacidad suficiente para afrontar los problemas? Antes teníamos el Ejército capacitado, pero ahora no sé quién se podrá ocupar. El Ejército tenía equipos, ingeniería, logística, comunicaciones, transporte, personal preparado y adiestrado para solucionar el problema. Hoy vemos que todavía el Ejército puede resolver técnicamente el problema, pero está tan desvalorizado y desvalido que si no arregla precio por el costo, alquiler y mantenimiento, no se hace el "negocio". Es lamentable a qué grado de humillación se ha llevado al Ejército argentino.































