¿Te basaste en algún caso en particular?
No. Hace varios años (el productor) Juan Vera tenía una primera investigación hecha sobre diferentes escuelas. Yo a partir de eso tomé varias otras. Ví algunas en la que Gendarmería había allanado, que eran excepciones, pero sucedía. Después fui delineando qué tipo de película hacer, con un personaje de otra clase social, que va a dar clases desde la universidad a una escuela secundaria. Y también el conflicto del personaje de Juan MInujín donde encuentra diferentes cuestiones que le modifican un poco la existencia.
Quería contar la historia de un docente en el conurbano bonaerense, en un lugar tan complicado, donde la docencia muchas veces se debate entre poner y no poner el cuerpo Quería contar la historia de un docente en el conurbano bonaerense, en un lugar tan complicado, donde la docencia muchas veces se debate entre poner y no poner el cuerpo
¿Cómo fue la experiencia de trabajar con alumnos y docentes reales, además de los actores?
Hicimos como un casting. Los docentes ya habían salido de la etapa de investigación, yo había presenciado sus clases y en algún momento les propuse actuar a algunos. Entre los docentes, los únicos no docentes son Juan y María Merlino, el resto son docentes de escuelas similares a la que muestra la película. En el caso de las chicas y los chicos hicimos casting en distintos barrios.
¿Cómo los impactó ponerse en contacto con un universo que suele ser parte de las noticias?
En primer lugar sentir que la educación tiene un lugar esencial en la sociedad en todos los niveles, pero en el caso de los secundarios y sobre todo los secundarios de estas zonas, la sensación es que los chicos y las chicas están ávidos de docentes que los interpelen. Lo que se notaba más era cuando los docentes conectan, se implican emocionalmente y lo chicos que se comprometen con eso, frente a un escenario muy complicado, de situaciones de violencia, de embarazo adolescente. Algunas de esas cosas intenta reflejar la película, como los docentes que van a la casa a buscar a los alumnos, y otras no porque eran muchísimas.
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Diego Lerman y su hija Renata en San Sebastián. La adolescente interpreta a la hija del personaje de Juan Minujín.
¿Qué los impactó de esa colaboración?
Hay escenas que son más improvisadas y otras más guionadas, pero nos gustó la frescura, la naturalidad, fue un rodaje muy lindo. Fue solo una semana de rodaje con ellos dentro de las siete que tenía la película, pero fue una semana en la que queríamos contar un aula verosímil acotada a la trama.
¿Cómo trabajaron el hecho de un profesor que les habla de literatura y poesía a unos chicos que quizás tienen conflictos o carencias básicas no resueltas?
Ahí había mucho de entender cómo cae el personaje de Lucio que viene de la universidad, con la idea de dar contenidos y de golpe empieza a ver que no le dan bola, que tiene que conectar desde otro lado. Es otra realidad que también lo interpela a él. Su pregunta inicial a la clase de para qué sirve la literatura tiene que ver con para qué sirve para él también, para qué sirve el arte en general. Y eso se ve en el cambio que hace el personaje que se implica a tal punto que hace toda una gestión con uno de los alumnos.
Algunos no lo escuchan o bostezan, otros le dicen que directamente no leen. ¿Qué dicen esos pequeños gestos sobre la educación actual?
Un poco el desafío para Lucio es ver cómo los implica y lo hace primero desde un lado más emocional, que toma partido por la problemática que están viviendo sus alumnos y a partir de ese contacto más emocional lo empiezan a respetar y escuchar. Intenta ver dónde está la poesía hoy para ellos y encuentra que puede estar en una canción y busca distintas estrategias hasta que de alguna forma logra interesarlos.
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Rita Cortese encarna a la directora de la escuela que es allanada luego de que se hallaran drogas.
¿Cómo te decidiste por Minujín?
Con Juan nos conocemos hace muchos años, tenemos gente en común. Le pasé el guión, después quedó todo interrumpido por la pandemia. Pero cuando le pasé el guión y en las primeras charlas tuve la certeza que era el mejor para hacerlo. Era un película muy demandante, porque estaba en todos los planos, porque duraba dos meses de rodaje, por la temática, la locación. Y Juan estaba muy entusiasmado y cautivado por la historia desde el principio. Fue esencial su sensibilidad y disposición a probar.
El primer día de clase, cuando entra a la sala de profesores, paradójicamente una docente le dice “bienvenido a la barbarie”. ¿Cómo llegaste a incluir esa línea del guión?
Intenté ir en contra del estereotipo. Charlando con docentes te das cuenta que hay de todo tipo de pensamientos, no es que todos los docentes piensan lo mismo. A mi me interesaba contar otro tipo de docente, que hay muchísimos, y eso fue lo que más cautivó, pero me parecía bueno mostrar algo de ese universo, de una docente más descreída, en otra vereda. Me parecía bueno que haya diferentes colores y opiniones. La película se centra en otro lugar, en contar el trayecto de un docente universitario que tiene que ver qué hace, si toma partido o no, y por eso otra profesora le dice que pensaba que no iba a durar nada en esa escuela, porque es muy duro. Me interesaba que la película se corra de los estereotipos de los docentes y los alumnos. Es una ficción y por lo tanto una construcción y la riqueza la adquiere con ese tipo de contradicciones.
La película intenta mostrar un poquito de una totalidad muy compleja y muy difícil de definir de manera taxativa, como que te vas metiendo y lo que ves son capas y capas de complejidades, cosas que no se resuelven o se resuelven mal, de carencias La película intenta mostrar un poquito de una totalidad muy compleja y muy difícil de definir de manera taxativa, como que te vas metiendo y lo que ves son capas y capas de complejidades, cosas que no se resuelven o se resuelven mal, de carencias
¿La violencia de la que hablan algunos de los personajes adolescentes atraviesa a toda la sociedad, no sólo al sector que muestra la película?
Sí, igual muy puntualmente lo que se trabaja es una escuela, un universo, un mundo que las cosas son muy complicadas en torno a esto, la marginalidad, temas de drogas. Que haya otro tipo de problemáticas en otros lados, seguro que las habrá, pero acá puntualmente son estas, son muy esenciales y ahí es donde choca un poco la idea o el paradigma de educación. En primer lugar para educar tienen que tener la panza llena. En segundo lugar, hay necesidades básicas y primarias que si no son resueltas es muy difícil todo lo demás. Y un poco eso lo vemos a diario. Después uno podría hablar de dónde está la poesía ¿La poesía está en los lugares ilustrados o está justamente en lugares de carencia, de protesta, de dificultades? No sé, eso ya es más del territorio teórico, qué tipo de poesía está en cada lugar, pero desde un lugar más social diría que es la confrontación de un proyecto educativo y la educación en esa edad como una herramienta de futuro, de formación, de oportunidades versus un presente donde es tan adverso que todo eso es puesto en crisis.
¿Desde dónde partiste para narrar la infiltración del narcotráfico en la escuela?
Eso surge como parte de la realidad y más en la adolescencia y en esa franja que concretamente está a la vuelta de la esquina, en la puerta de la escuela. Todo ese mundo donde muchas veces los chicos y las chicas son carne de cañón. Pero la escuela ahí es como un territorio un poco liberado y más complejo todo lo del narco, donde es un estado paralelo, donde hay un montón de contradicciones. En este caso es un narco que quiere candidatearse a intendente. Por eso dona latas de pinturas y no se las aceptan y no le gusta que no se las acepten. Era como mostrar facetas de un universo bastante descentrado y cómo esa vendeta política hace que se quiebre una de las principales reglas que hay en estos barrios que es que la Gendarmería no entra a las escuelas y tampoco el narcotráfico. Una vez que se rompe ese fino equilibrio se desenvuelve todo lo que se ve en la trama.
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Uno de los profesores, después que se desencadena ese conflicto, dice “nosotros no tenemos autoridad”. ¿La película también habla de la crisis de autoridad de los docentes?
En esa misma escena hay un docente que le replica “nosotros no tenemos autoridad con las armas, pero nuestra autoridad es ética, es moral”. Ahí lo que está en discusión qué tipo de autoridad tienen. Y ahí lo que se está discutiendo es si siguen dando clases o hacen un paro y la decisión de la mayoría es que a pesar de tener la escuela intervenida hay que seguir dando clases. Y está la otra posición que dice no tenemos que dar clase y tenemos que sumarnos a los reclamos que están haciendo el barrios y los padres. A partir de ahí es que el personaje de Lucio decide un poco por la suya, pero ayudado por otro personaje que tiene más calle y más barrio, a empezar a implicarse de otra manera, por ejemplo ir a buscar a una alumna que había dejado de ir porque los padres se lo impedían. Era mostrar en dos horas de la película un poquito de todo eso que es de mucha complejidad. En todo caso la película será un disparador de todo eso más que cerrarse en algo acabado.
También se muestra como una historia secundaria las dificultades de Lucio en su relación con su hija. ¿Era parte del plan hablar de la crisis de autoridad de los padres?
Creo que ahí es buscar un poco la contradicción del personaje que por un lado profesa un tipo de educación y a la vez le exige a su hija un tipo de examen, más por un interés propio que por la hija, como un deber de cómo educarse. Me interesaba mostrarlo también puertas adentro, sobre todo contar, y esa fue una de las premisas del guión, un personaje en crisis, que lo agarra recién separado, con una casa desarmada, habiendo sido desplazado del concurso de una cátedra que anhelaba y con un padre enfermo. Es donde se está haciendo miles de preguntas, donde no tiene casi certezas, que obtiene ese trabajo temporario, casi al voleo para satisfacer a su padre y en ese trabajo termina encontrando algo que lo reorienta y haciendo que vuelva a conectar con las raíces, por qué eligió lo que eligió.
El avance de ese tipo de conflicto hacia el interior de la escuela, ¿también representa una crisis de autoridad de los gobiernos, del Estado para cumplir su función?
Obviamente la escuela es como una réplica de la sociedad. Muchas veces son como células, replican en chiquito lo que pasa afuera. Ahora me parece que esa crisis de autoridad también trae aparejado un contramovimiento que es el de los docentes que se organizan, que no suplen un montón de falencias del Estado, pero que sí contienen y lo hacen de una manera conmovedora, poniéndole el cuerpo en el día a día, a veces con crisis y problemas muy concretos. Por otro lado como una tarea casi militante, desde un oficio de querer modificar lo poco que pueden dentro de ese contexto y darlo todo. De golpe hay carencias alimenticias y hay gente que abre comedores y en el medio hay rivalidades políticas. La película intenta mostrar un poquito de una totalidad muy compleja y muy difícil de definir de manera taxativa, como que te vas metiendo y lo que ves son capas y capas de complejidades, cosas que no se resuelven o se resuelven mal, de carencias. Lo que quise mostrar era algo de todo eso.
Esa idea de complejidad también está representada visualmente.
Conceptualmente la idea que tenía era trabajar con diferentes capas de la imagen, que la imagen tenga siempre diferentes profundidades y eso lo trabajamos mucho con el director de fotografía. El desafío era sostenerlo a lo largo de toda la película y en las diferentes locaciones. Era como mirar en perspectiva, que haya una cosa y otra y otra y en la mayor cantidad de planos.
¿Por qué incluiste el Himno a Sarmiento en una escena?
Era una escena donde se emborrachaban, donde también está el padre. Estaba esa idea del aula también, cuando uno de los chicos que está en problemas se queda a dormir en la casa de Lucio. Sarmiento también aparece en la frase de la barbarie y el himno aparece como el himno al gran docente. Algo de eso empieza a hacer, por ahí desde otro lado, no tanto desde el lugar ilustrado, sino desde el que acepta la realidad y opera frente a ella porque está ni más ni menos que escondiendo al alumno que está en peligro con todo lo que eso conlleva.
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El director Diego Lerman durante el rodaje.
¿Cómo se combina la inclusión del Himno a Sarmiento y “Huyan”, la canción de Shitstem, más contestataria?
La canción del final está más relacionada con el tema del trap, con dónde está la poesía, donde hay poetas consagrados y de golpe un alumno recita una rima y ves que va por ahí. Si vas a los barrios están muy en esa. Y un poco respondiendo a la pregunta para qué sirve hoy la literatura, una de las cosas es para componer las canciones que están sucediendo en las calles de los diferentes barrios, entre otras cosas.
¿Cómo fue trabajar con tu hija, además premiada en su debut?
Fue muy lindo, de mucha complicidad, una aventura, un riesgo y el premio fue la frutilla del postre. Pero fue mucho más sencillo de lo que imaginé y a la vez en el lugar de que no sólo era una actriz sino que también era mi hija. Ahí Juan Minujín estuvo muy cerca, él tiene una hija de la misma edad, así que la idea fue trabajar el vínculo entre Juan y ella. Y por otro lado Reni tenía muchas ganas de hacerlo y cuando vi las ganas, por suerte sucedió.
El personaje de Rita Cortese dice que está harta de un montón de dificultades, pero dice que lo hace todo “porque vale la pena”. ¿Esa línea indica tu idea sobre lo que querías contar?
Totalmente. Todo el tiempo me decía frente a las miles de dificultades que tenemos, la verdad que vale la pena. Eso un poco se transmitió a todo el equipo y por eso pudimos terminar el rodaje, filmarla en no sé ya qué brote de Covid en condiciones muy complejas. Pero ahí había una convicción que había que hacer la película. Y con la alegría que tenga un estreno lo más federal posible.