Soy seguidor de programas televisivos. Observo una distancia superlativa entre calidad artística y la realidad de esos productos. ¿Serán culpables la falta de presupuesto, la escasa creatividad de sus productores, el interés por vender morbo que es una lamentable chatarra rentable? Flaco favor le hacen a la cultura nacional menospreciando así la inteligencia y sensibilidad de los argentinos. No soy un amargado que jamás ríe pero esto de popularizar cómicos gracias al uso permanente de chabacanería y obscenidades me parece muy bajo. Ventilar intimidades y escándalos de la colonia artística o programar tilinguerías y chismorrerío se ha transformado en un despreciable deporte nacional practicado en numerosos horarios centrales. Pretender que una actriz cante o que una cantante actúe no sería objetable si a la actriz le alcanzase la voz o la cantante poseyera talento para la interpretación pero en muchos casos no se da esta dualidad e igualmente se insiste con esta fórmula perdedora. Recuerdo la mentalidad imperante en años precedentes a la actual televisión: programas de alcance nacional y desarrollo cultural como eran los famosos ciclos de preguntas y respuestas. Concitaban extraordinario interés en un país unido tras las chances de los participantes que desafiaban las más difíciles preguntas. En cuanto al histrionismo nos destornillábamos de risa con las actuaciones de famosos capocómicos que no necesitaban soltar una mala palabra o un gesto obsceno para deleitarnos con su talento. Eran todas situaciones desopilantes creadas por los protagonistas o libretistas que conocían al dedillo las necesidades de la gente en este género. Hubo grandes programas que predicaban la unión familiar en medio de episodios creíbles y aceptados por las familias. Eran numerosas las presentaciones de conocidas orquestas de tango, conjuntos folklóricos y bandas musicales que contaban con inmensa presencia de espectadores. Las novelas y series eran famosas porque representaban la realidad cotidiana del televidente y llegaban al alma sin necesidad de recurrir a situaciones violentas, histéricas y casi pornográficas. ¿Respetando los tiempos actuales y agregando todo el bagaje técnico disponible no será factible mentalizarse para repetir a futuro los éxitos del pasado?
































