Bien vale a 33 años de aquel nefasto 24 de marzo, recordar y repasar todo lo ocurrido en el seno de nuestra sociedad, que padeció todos los horrores posibles bajo el poder de la dictadura militar y genocida. Fue silenciada a golpes y arrojada a una guerra perdida de antemano, descendió no por tres días sino por seis años a los infiernos y aún no resucitó a todos sus muertos. Bien vale recordarlo cuando pareciera que muchos todavía confunden conceptos fundamentales. Cuando por la aplastante falta de seguridad personal que nos expone sin límites a todo tipo de delitos, proclaman que los derechos humanos relativos a la vida y a la seguridad personales no son respetados en paridad de condiciones con la defensa de "otros derechos humanos", como si se tratase de dos flancos que se oponen. Recomiendo particularmente la lectura de la Declaración Universal de los Derechos Humanos del 10 de diciembre de 1948, en cuyo artículo 3º expresa: "Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona". Ahora bien, para que estos derechos tengan vigencia en la realidad, más allá de la mera declaración, no hay que llegar al punto de verlos violados, sino que la verdadera defensa es procurar y garantizar un sistema social en el que las necesidades básicas estén absolutamente satisfechas.




































