Las sociedades humanas son consecuencia de la inteligencia y la voluntad. Cuando estas variables se eclipsan, llega el fin de la misma. Esta definición podría aplicarse al destino incierto de la sociedad argentina. Imbéciles celebran la división social existente como un signo de militancia y madurez democrática. Adjudican la maravillosa y reincidente situación, a la libertad de expresión y el respeto a la opinión del otro. Es decir: parece pan rallado pero en realidad es aserrín. La evidencia dice que el amigo se volvió enemigo y los versos del Martín Fierro ya son anticuados. La apatía pública, cansada de escuchar siempre lo mismo, engendró una sociedad fóbica al compromiso. Algunas veces reacia a los riesgos. Perdimos la idea de ciudadanía al perder, todos los días, la confianza en los derechos adquiridos bajo el imperio de la ley. El obrar de las instituciones es cuestionado. La esclavitud en todas sus variantes, sustenta un maquillado feudalismo que ha inclinado algunas voces amorales y serviles, con discursos contradictorios. El combate contra la grosería y falta de cultura es doloroso. Pero, a pesar de esta escenografía terminal, los imprevistos nos ponen a prueba, y la calamidad termina siendo la mejor escuela para disciplinar la moral. Aunque las dificultades están a veces donde no las esperamos, se lucha a través de ellas. Así lo hacen Norma Castagno y Mabel Ríos. Cada mañana, abren sus ojos, y la realidad las despierta con una cachetada que les recuerda, con maligna insistencia, las consecuencias de no saber o no poder controlar la pulsión adolescente de sus hijos. Ejercen un rol que les impuso el Estado inoperante: se exponen para hostigar al traficante y vendedor de la ponzoñosa droga. Son madres que están heridas. Son peligrosas. Saben que van a sobrevivir al combate contra el Goliat de tanta lágrima social. Son faros señalando el peligro que evitará el naufragio de otros. Atraviesan silenciosamente la vida. El mundo no las conoce. Jamás alcanzarán la fama, pero sí la redención. "La clase media salva a la Argentina", profecía de Benjamín Parravicini en el Tomo II: "Dibujos Proféticos". Recopilación publicada y con derechos del autor: Ingeniero Sigurd Von Wurmb.































