Recientemente el congreso de la Sociedad de Astronomía Americana celebrado en Austin-EE.UU-, y ante una reunión de astrónomos provenientes de distintas partes del orbe, revelaron importantes avances sobre el estudio de los fenómenos estelares. Dicho congreso explicó sobre los cuatro descubrimientos en la Vía Láctea, a saber: el verdadero color de nuestra galaxia, que es blanco nieve recién caída,; estrellas que dentro de su propia órbita albergan exoplanetas, alguno igual al tamaño de la tierra. Exploraciones interplanetarias logradas por el Observatorio Estratosférico Infrarrojo, el Sofía, un telescopio de 2,50 metros. Montado sobre el techo de un Boing 747, captador de imágenes de longitud de onda del infrarrojo medio de micrones y micrones rojos. Lo curioso es que todos estos descubrimientos tuvieron su base fundamental en los cálculos matemáticos de Tales de Mileto, siglo VI a de Cristo. Sabio creador que entre otras ciencias descubrió la geometría del espacio, la estática, la dinámica, etcétera. Pasaron dos mil seiscientos años desde Pitágoras, el sucesor de Tales y cientos de físicos astrónomos hasta llegar al año 1905 de nuestra era. Es decir, hasta Albert Einstein cuando este publicó la teoría de la relatividad. Hipótesis que muy pocos científicos pudieron visualizar el impacto que estas conjeturas podrían tener en la física y en los entendimientos de los fenómenos estelares. Cabe acotar que en el congreso de marras, al tocar el punto de la materia oscura y referente a la teoría de Einstein, se descubrió que la materia tuerce al espacio y al tiempo, así que cuando la luz se acerca a nosotros a través del universo, si atraviesa parte de la materia oscura su luz se curva y la imagen que vemos llega distorsionada. La curiosidad que la materia oscura despierta en los astrónomos y en los simples aficionados, como en mi caso, hace que uno se despegue de tanto satanismo que hay en nuestra vida actual.




































