He leído con atención el pasado 2 de junio la carta del profesor Cristián Hernández Larguía "Ciencia ficción a la criolla", replicando otra de Hernán Kruse. No entro a discutir su polémica con el señor Kruse, no porque no tenga opinión sobre lo dicho, sino por razones de espacio y porque no sigo con regularidad su correspondencia. Tengo un gran respeto y alta valoración por usted. Por ello prefiero dejarle planteadas dos inquietudes que tienen que ver con su condición de artista. 1º) Dejo de lado la polémica sobre el Teatro Colón, pero quiero puntualizar que la programación que tuvo esa noche de gala no era la adecuada para el evento del Bicentenario. Dicha programación tuvo sentido cosmopolita. Podría haberse dado en 1910, en Londres, París o Madrid... Y quiero resaltar la programación de esa noche que tuvo el concierto en nuestro modesto teatro El Círculo. Concierto de la Sinfónica Provincial y coro. El programa incluyó obras de Guastavino, Milonga del Angel y Adiós Nonino, de Piazzolla; La Media Caña, de la ópera El Matrero de Felipe Boero, e interludio épico de la ópera Aurora, de Héctor Panizza. ¡Cuánta expresión cultural, musical nacional y latinoamericana han habido en cien años!; ¡cuántos autores argentinos olvidados que actuaron en el Colón, además, que habría que recuperar en nuestra memoria. 2º) Lo acontecido en la calle me parece inédito, una auténtica expresión popular, pero no puede dejarse de agregar que tuvo una preparación artística de calidad admirable, cuadros, desfile, merecen una altísima valoración, también su desarrollo. Y no debiera cegarse ante la "pareja real", según su afirmación, porque, seguramente algo tuvieron que ver con ello. No fue un acto espontáneo. Agrego que he ido a sus conciertos muchas veces, que he dudado si enviar la presente porque de todo esto no hay nada que usted no tenga presente. Solamente me ha movido mi pertenencia a una familia de músicos y le aclaro que me gusta sobremanera la ópera clásica.



































