Señor Néstor Kirchner: quiero expresarle mi reclamo por el 82 por ciento a las remuneraciones jubilatorias. Debo comenzar por decir que apoyo muchas de las políticas emprendidas por el gobierno que representa. Apoyo su política de juicio a los genocidas; los derechos de exportación, llamados retenciones; las asignaciones universales por hijo; las jubilaciones sin aportes: la política de desendeudamiento y otras más que no mencionaré por economía. Respecto al pago del 82 por ciento a los jubilados discrepo gravemente: 1) porque las sumas que se pagan, en especial a quienes cobran el mínimo, son viles; comprometiendo gravemente la política gubernamental de derechos humanos, ya que condena a la inanición a muchos ancianos, lo que es cruel genocidio. 2) Porque también pone en crisis el discurso oficial de independencia de criterio. Solo algún organismo supranacional, como el FMI, en sus dictámentes inhumanos de reducción de consumo, puede aconsejar suprimir un sector tan importante como los jubilados, para procurar saldos exportables. 3) Porque es ilegítimo según lo declaró reiteradamente la Corte Suprema; 4) Porque es falso que otorgar esos aumentos jaqueará al sistema ya que los recursos no solo están, también pueden acrecentarse. No participo de las ideas de incrementar la presión fiscal pero veo que el gravamen a las rentas financieras es un instrumento a aplicar, poniendo equidad al sistema impositivo porque nada justifica la exención; podrá producir sólo 2.400 millones de pesos, como afirma el ministro de Economía, pero eso representaría aproximadamente el 10 por ciento de los fondos necesarios. Fundamentalmente creo que el gobierno nacional debe abandonar la hipócrita política de permitir el trabajo en negro, lo que se convalida de dos formas, no realizando los controles necesarios, pues si miles de inspectores de Ansés controlarán infatigablemente la realización de los aportes, el 43 por ciento de trabajadores "informales" pagarían el aumento. Otra medida rápida y fácil es que el ministro de Trabajo, su ex ministro y actual ministro, doctor Tomada, deje de convalidar las sumas no remunerativas que se convienen en cada convención colectiva, seguramente a cambio de alguna canonjía bajo cuerda para los negociadores. Otra medida complementaria es regresar los aportes a los índices anteriores a las rebajas que dispuso el ministro Cavallo, denostado personaje de la década infame (justicialista), cuyas políticas se perpetúan. Si se pagaran los aportes correspondientes a todos los activos, sobraría el dinero para pagar el 82 por ciento móvil no del salario mínimo sino del salario industrial promedio.




































