La Universidad Nacional de Rosario y sus escuelas preuniversitarias están atravesando una situación muy compleja signada por treinta jornadas de paro docente en reclamos de una recomposición salarial digna. Esta situación se ha ido agravando con el correr de los meses y derivó en el comienzo del receso invernal sin conocer cómo continuará este conflicto. En este marco y como un miembro de la comunidad universitaria quiero permitirme algunas reflexiones: ¿qué es lo que está en pugna? ¿Por qué hemos llegado a esa situación? ¿Hay salida al conflicto? En primera medida es necesario marcar la legitimad del reclamo salarial, por ser una medida fijada por la central que nuclea a los docentes e investigadores rosarinos (Coad) además del objetivo atraso salarial que vienen sufriendo los docentes universitarios y preuniversitarios incluso desde mucho antes del último acuerdo paritario de 2013, el que originó esta situación. Ahora bien, esta no es una situación aislada del contexto de escasez presupuestaria y del relego en las prioridades del estado que sufre la educación superior, amparada en la todavía vigente ley de educación superior del menemismo. Es por esto que la situación que atraviesa nuestra universidad debe ser contemplada dentro de una causa mayor, la lucha por la educación pública. Desde esta perspectiva se hace a todas luces evidente el necesario compromiso de toda la comunidad universitaria en esta cruzada, pero ese compromiso sólo puede surgir del debate y la discusión de docentes y estudiantes, una quimera difícil de alcanzar en los pasillos áridos y los pupitres vacíos que pueblan por estos días nuestra casa de altos estudios.

































