Una de las tantas interpretaciones y aplicaciones sobre el liderazgo presente en diferentes ámbitos como el político, familiar, empresario, etcétera, tiene relación con aquellas personas que se ponen al servicio de los semejantes para ayudarles a aumentar su potencial, su rendimiento en determinadas circunstancias; de algún modo influyen en el comportamiento de las personas, sin importar sus condiciones sociales. Ahora bien, ¿existe el liderazgo en el seno de la dirigencia política argentina? Particularmente, considero que está debilitado, inconsistente. A ver, ¿cuántos son los funcionarios públicos que se ocupan de que mejore y perfeccione el rendimiento de los sectores sociales en la vida diaria, principalmente que estén cubiertas sus necesidades indispensables para desarrollarse como seres humanos que son? Muy pocos. No responder a las demandas de la ciudadanía constituye esencialmente dejar librada al azar la suerte de miles de individuos. No atender temas tan importantes como inseguridad, desempleo, informalidad laboral, pobreza, educación, salud, educación, implica insensibilidad, despreocupación, desinterés para ayudar a cambiar la situación a una fracción de la población. En nuestro país se carece del debate de ideas, de nuevos pensamientos, de ímpetu para resolver asuntos cruciales para los ciudadanos. Apenas un puñado se pone al frente de los problemas y le proporcionan un corte definitivo. La debilidad en el liderazgo se combina con una devaluada capacidad para formular alternativas, propuestas de cambios en el país. Se sigue apostando a la " imagen ", a la " seducción " del electorado con discursos elegantes pero vacíos de contenido. ¿ Las políticas activas para cuándo?


































