El 7 de mayo, después de almorzar, veía televisión junto a mi nieto de 7 años. Sintonizamos un noticiero clásico rosarino, de larga trayectoria y prestigio, en Canal 3. En el segmento de espectáculos reproducían avances de un programa emitido en Buenos Aires y se veían escenas de una pareja bailando y luego de terminado el baile, un jurado calificando la actuación. Una integrante de ese cuerpo arengaba a los bailarines y en cierto momento les dijo: "Otra vez háganlo con más concentración porque pareciera que estuvieran fifando sin sentirlo". Rápido como un rayo mi nieto me preguntó: "Abuelo, qué quiere decir fifando?". No sabía qué contestar, pero salí del paso. "No querido, entendiste mal, la señora dijo confiando". Colorado igual que un tomate, me dije: "Como abuelo sos un desastre". Al otro día me anoté en un curso de adaptación a los modos y valores actuales. Cuesta una enormidad comprender lo que está pasando. ¿Tan bajo hemos caído? Ahora entiendo que tendría que haber cambiado de canal, pero eso es otra cosa.



































