El 9 de abril llamamos telefónicamente a la ambulancia de Vital Salud, prestataria del Pami. El primer llamado fue realizado a las 15.30 y nos informaron que iban a tener una demora de dos horas. Transcurrido ese tiempo volvimos a llamar y nos dijeron que se les había complicado con una emergencia y que cuando se desocuparan vendrían. De allí se reiteraron dos llamados más en los que les comunicábamos el estado de salud de nuestra madre. El último se realizó aproximadamente a las 19.10. Mi hermano informaba que cuando llegaran tal vez sería demasiado tarde debido a que mi madre estaba muy descompensada. La ambulancia de Vital Salud se dignó a llegar a las 19.20; le recriminé al personal de la ambulancia la demora y me contestaron que recién le avisaban. Al preguntar cuál era el cuadro de mi madre, me dijeron que no estaban seguros de que llegue a tiempo al sanatorio. Tres horas más tarde mi madre falleció. Nos preguntamos: ¿puede una ambulancia, un servicio médico demorar casi cuatro horas y jugar con la salud de los enfermos y los sentimientos de los familiares?


































