Todo empezó un día después de una asamblea donde se decidía empezar a caminar las calles. Entonces, dos sesentañeros encabezaban con la bandera, tres jóvenes los redoblantes y los más musculosos los bombos. El resto acompañábamos y partíamos rumbo a la Secretaría de Trabajo. Después de estar unas horas volvíamos desahuciados. Un día camino a Tribunales pidiendo no homologar un contrato absurdo encontramos a una persona con valores: la jueza Silvia Cicuto. Los días siguieron pasando, nuestro gremio a nivel nacional organizaba veladas boxísticas y nosotros pasábamos las fiestas sin un centavo, aunque gracias al concejal Falcón teníamos un pan dulce en nuestras mesas. Mientras, Sancor seguía extorsionando no liberando el dinero para nuestros sueldos. Soy un ciudadano que por este hecho se siente defraudado por el silencio del intendente, gobernador y mi propia iglesia. Hoy cuando estén leyendo esta carta quizás esté vestido para el combate, o sea para la lucha de llevar el pan para mi casa. Les agradezco por el aguante a mi familia y a mis compañeros con las suyas; también a mis compañeros lácteos de la vigente seccional Rosario y pido mis disculpas a toda esa gente que sin tener que ver la molestamos. Cotar hoy está de pie y a sus pies rendido un león.


































