En el feriado de Semana Santa y en otros, donde mucha gente opta por venir a Rosario, un paseo obligado es a la ribera norte del Paraná. Como ciudadana y vecina del lugar siento vergüenza por el estado de descuido que presenta la zona. Desde el balneario La Florida hacia el norte, hasta el puente Rosario-Victoria, encontramos cañaverales y yuyos que impiden la franca vista al río. Hay obras públicas que nunca acaban y que aportan pozos, escombros y montañas de tierra: Faltan guardarrails y veredas; hay basura en cada esquina y el Paseo del Caminante puede recorrerse sólo de día porque no tiene ni una luminaria sana. Las ramas bajas de los árboles obstaculiza el andar y la visibilidad, los carteles indicadores estan despintados y el cantero central de la avenida Carrasco es un caos de estacionamiento por donde no es posible caminar. No hay cordones (como la mano sur-norte) y se torna muy peligroso caminar dado el intenso tráfico. En el tramo de David Peña a Escauriza, el sendero es tan angosto que permite el paso de una persona a la vez orillando la calle. Allí mi esposo se salvó milagrosamente de sufrir un grave accidente cuando iba caminando por esa estrecha vereda y un camión cargado con envases de cerveza, debido a la velocidad y a una mala maniobra, chocó al bajar la pendiente. La carga se desparramó y los vidrios caídos por suerte sólo le ocasionaron un pequeño corte en la pierna ya que sus reflejos lo hicieron retroceder. Se debería ensanchar ese peligroso tramo para el uso público que ahora ocupa el Centro Castilla. Ingenuamente pensé que al dividirse la ciudad en distritos zonales se mejoraría y atendería las necesidades de cada barrio, pero lo que puedo observar es sólo un desplegado abanico burocrático y más bocas recaudadoras.


































