En marzo del año pasado a mí y a mi familia nos tocó pasar uno de nuestros peores momentos. Mi papá sufrió un ACV arriba de su canoa cuando se disponía a tirar las redes, ya que es pescador. Alcanzó a hacer una llamada telefónica y pudimos descifrar que algo le estaba ocurriendo, Inmediatamente nos comunicamos con Prefectura, quienes actuaron de manera rápida y eficaz en su rescate. Luego fue trasladado desde puerto San Martín al hospital Italiano de Rosario, del cual somos asociados desde hace más de 20 años. Comenzó una nueva vida para mi familia y sobre todo para mi papá, un hombre de 60 años, vital, trabajador, que siempre se valió por sí mismo: se encontraba imposibilitado de resolver por sí mismo sus necesidades básicas. El ACV había dejado secuelas importantes en lo motriz, en el habla y obviamente lo afecta hasta el día de hoy psicológicamente. Dado nuestra inexperiencia e ignorancia en el tema y al ver la desidia de parte de nuestra obra social, decidimos asumir los gastos contratando de manera particular a un enfermero y a un kinesiólogo, quienes le dieron una luz de esperanza a mi papá para que tuviera ganas de seguir viviendo, ya que su impotencia por no poder valerse por sí mismo invadía todo su ser con una angustia muy grande. Investigamos un poco más en el tema y sometimos a mi padre a una junta evaluadora de discapacidad en la que le otorgaron su certificado, el cual era un documento fundamental para que la prepaga no siguiera avasallando sus derechos. Es muy desgastante para los familiares lidiar con las prepagas, uno lleva una carga emocional por el problema que le aqueja al familiar y te reciben las secretarias (que nada tienen que ver, sólo les hacen poner la cara) informando que la obra social no cubre el tratamiento, traslado, entre otros temas. Todo lo que se les pueda ocurrir que por ley deberían cubrir. Así venimos lidiando desde hace más de un año, sufriendo indiferencia y maltrato psicológico por parte del personal jerárquico de Italmedic. Ahora volvimos a foja cero. Mi papá estaba en tratamiento psicológico y ya no autorizan más sesiones con la psiquiatra. Mi papá asistía a un fonoaudiólogo y ya no autorizan más sesiones. Mi papá asistía tres veces por semana al centro de rehabilitación del hospital Italiano y han decidido a través de un informe que ya no era necesario ese tipo de rehabilitación (informe que nunca leímos a pesar de haberlo solicitado formalmente mediante una nota). Esta lucha recién comienza, no vamos a permitir de ninguna manera que Italmedic siga avasallando los derechos de mi papá, seguiremos haciendo todo lo necesario para que él tenga el tratamiento que necesita, voluntad tiene de sobra, él sabe que algún día podrá volver a tirar su red de pescador. Queremos transmitir a quienes estén en la misma situación que no se den por vencidos, que insistan en ser escuchados, que griten, pataleen, que no tengan vergüenza de reclamar lo justo, lo que les corresponde, que con un buen acompañamiento médico todo es posible. No debemos permitir en ningún ámbito de nuestras vidas que avasallen nuestros derechos.
































