Cada uno de nosotros conocemos a nuestros compañeros de vida (nuestras mascotas), sabemos cuando tienen hambre, quieren salir para hacer sus necesidades, o si quieren mimos. Ellos no disimulan, no especulan si se sienten mal, por ello está en nosotros, los que compartimos sus horas, entenderlos. Es por esto, señor veterinario, que uno no es hincha como usted mencionó por mi preocupacion ante el mal que aquejaba a Mateo, sino que necesitaba ya que pagaba sus honorarios y los medicamentos religiosamente, que usted lo atendiera tantas veces que entendía que mi perrito lo necesitaba. Pero esta “vieja”, como mencionó, se molesto muchísimo no por ella sino por mi mascota cuando a las 21.30 lo llamé por una respiración muy rara, y que usted al atenderme me dijo que estaba jugando al tennis y que despues, cerca de las 24, me atendería. Mi mascota después de sus hemorragias digestivas, vomitos y una respiración con un tiempo de tres días quedó al cuidado de un hospital animal, porque existen veterinarios responsables y Mateo allí quedó internado con un pronóstico muy triste. Esto que cuento para usted, señor veterinario, no tuvo importancia pero para el doctor Coscia y su equipo, como Graciela Ruiz, Emilse, Pablo, Martín no pararon hasta ver a Mateo de pie. Mateo dejó de ser en su veterinaria su “cliente” que le aportaba mensualmente un número.
































